Y
un día volvieron los bloqueos. Fue el martes 11 de
diciembre, apenas unas horas después que Cristina
Fernández de Kirchner jurara como nueva presidenta
constitucional de la República Argentina. Aunque
el jueves anterior una masiva asamblea de productores realizada
en San Francisco había facultado a la Mesa Nacional
de Lechería a tomar medidas de fuerza "inmediatas"
que consistían en bloqueos a las industrias para
evitar que salieran productos terminados, la dirigencia
se tomó unos días para llevar adelante la
medida y respetó una "sugerencia" que llegó
a oídos de los principales referentes del sector:
que no hubiera protestas activas mientras Cristina asumía
la Presidencia.
Lo cierto es que el conflicto por los precios fue apenas
el corolario de un 2007 que tuvo otros condimentos más
preocupantes para el sector. Al cierre de la presente edición
todavía no se contaba con los datos finales de la
caída de producción que arrojará el
año, pero un dato es insoslayable: será en
torno al 10% y la cantidad de materia prima entregada a
las industrias este año desde los tambos será
del mismo nivel de la de 1998, casi diez años atrás.
El escenario de concentración de la producción
en grandes establecimientos siguió afirmándose.
El cierre de pequeñas explotaciones, apurado por
circunstancias climáticas adversas como las que afectaron
a la provincia de Santa Fe a principios de otoño,
tuvo otros condimentos igualmente negativos que influyeron
en la baja de las estadísticas.
La intervención del Gobierno en la regulación
de las exportaciones constituyó una medida extraordinariamente
negativa, que desalentó inversiones, apuró
decisiones de los productores y también impactó
en forma directa sobre las producciones en los campos. Para
decorar el panorama, la competencia de la soja se proyectó
como una sombra ominosa que agregó otro componente
amenazador para la lechería, por el impacto que tiene
el valor de la soja sobre los precios de los arrendamientos.
Con la oleaginosa superando los 900 pesos en las pizarras,
la tentación de la agricultura hace más virtuosa
la decisión de los tamberos que insisten en apostar
a la lechería.
Ciertamente también se registraron hechos auspiciosos
a lo largo del año. La presentación de la
Asociación Civil Santafesina de Genética Lechera
(ACSAGEN), con su laboratorio móvil, fue reveladora
del interés de los cabañeros por continuar
creciendo y proyectando el desarrollo de la raza.
El interés de otros países –la compra
de vaquillonas por parte de Venezuela, o la misión
inversa que se realizó en oportunidad de la centésima
exposición de la Rural de Rafaela- por la lechería
nacional también refleja la potencialidad del negocio
y todo lo que puede hacerse para aprovechar las posibilidades
que ofrece la producción nacional.
Los
días del conflicto
Suele suceder que la última imagen de una determinada
circunstancia es la que domina el balance final. Por eso
el conflicto de diciembre puede llevar a una simplificación
equivocada del año que finaliza, porque ese conflicto
no fue más que un emergente del panorama global de
la lechería.
La cronología de los acontecimientos se inició
en Santa Fe, más precisamente en las plantas de SanCor
en Sunchales, de Saputo en Rafaela; de Williner en Bella
Italia y de Verónica en Classon. A ellas se le sumó
luego el bloqueo de la planta de Milkaut en Franck y posteriormente
la adopción de iguales medidas en la provincia de
Córdoba, cuando ya en Santa Fe la protesta había
consumido dos días.
En todos los casos, grupos de productores, a veces acompañados
por sus esposas, se instalaron en las puertas de las fábricas
para impedir la salida de productos lácteos elaborados,
aunque se dejó ingresar normalmente a la materia
prima que llegaba desde los campos.
Pese a que en las asambleas realizadas en Nuevo Torino y
San Francisco hubo muchas intervenciones "inflamadas",
por la pasión con que los productores abordaron el
tema de la defensa del precio de la materia prima y enfatizaron
su rechazo a la política del Gobierno nacional de
intervenir en la baja de los mismos, el clima de la protesta
tuvo pocos momentos de tensión.
Claro que también había paralelamente algunas
negociaciones para destrabar la situación, sobre
todo porque el Gobierno provincial se subió al conflicto
con la intención de aportar soluciones por la vía
del diálogo.
Los bloqueos no tuvieron esta vez la misma fuerza que en
marzo del 2002. En parte porque la situación de la
lechería es esencialmente distinta a la de aquel
tiempo. Y también porque los productores se organizaron
de manera tal de no gastar toda la pólvora en las
primeras escaramuzas.
Por eso todo se desarrolló en orden, más allá
de cierta tensión que sobrevino cuando la industria
decidió recurrir a la justicia para denunciar penalmente
al bloqueo de las fábricas. Ello originó la
intervención del juez en lo Correccional de Rafaela,
Dr. Osvaldo Carlos, que tuvo una actitud valorable. Lejos
de buscar un protagonismo que no deseaba, el magistrado
tomó distancia del tema, y se limitó a cumplir
con algunos pasos procesales indispensables en estos casos.
La
negociación
En la finalización del conflicto tuvo una participación
clave el Gobierno de Santa Fe. El Ministerio de la Producción
ofreció un ámbito donde industriales y productores
se encontraran sin interferencias, con el Estado limitándose
a cumplir un rol de mero intermediario, para sumar propuestas
antes que incrementar diferencias. El ministro Juan José
Bertero, recién llegado al cargo, cumplió
con su parte y aunque nadie lo admitiera, tuvo un guiño
favorable del Ministerio de Economía de la Nación.
No se explica de otro modo que el acuerdo se haya alcanzado
sin las interferencias que caracterizaron a todo el proceso
de relaciones entre los industriales y los tamberos en la
segunda mitad del año. Dicho en otras palabras, si
el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno no pudo
"meter la cuchara" en forma directa, fue porque
Bertero –y Hermes Binner, obviamente- tuvieron la
venia favorable del Gobierno Nacional para operar sobre
la urgencia del conflicto con cierta independencia de criterios.
Por esa misma razón el acuerdo alcanzado en Santa
Fe fue la base del arreglo que se hizo público el
28 de diciembre.
Entre el 14 de diciembre -el día que se levantaron
los bloqueos luego de la negociación con el Gobierno
de Binner como intermediario- y el 28 de diciembre, hubo
reuniones tensas, con la producción levantándose
de la mesa en más de una ocasión, hasta que
se firmó el acuerdo con los términos explicitados
en espacio aparte. Si esos puntos, entre los cuales el principal
es el mantenimiento del precio de la materia prima, resultan
suficientes para echar nueva luz sobre el 2008 que arranca,
sólo el tiempo lo dirá.
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