Lechería 2008

Los desafíos aparecen bajo una nueva luz

El 2007 de la lechería se cerró con un conflicto sofocado que puso entre paréntesis el futuro del sector. Pero las señales no fueron buenas: cayó la producción, se acentuó el cierre de tambos, se exportó menos y lo único que creció fue la incertidumbre. Sólo la revisión profunda de lo actuado hasta aquí y la revalorización de la economía regional arrojará una nueva luz en este 2008 para un negocio que mueve a centenares de pueblos del interior argentino.

Y un día volvieron los bloqueos. Fue el martes 11 de diciembre, apenas unas horas después que Cristina Fernández de Kirchner jurara como nueva presidenta constitucional de la República Argentina. Aunque el jueves anterior una masiva asamblea de productores realizada en San Francisco había facultado a la Mesa Nacional de Lechería a tomar medidas de fuerza "inmediatas" que consistían en bloqueos a las industrias para evitar que salieran productos terminados, la dirigencia se tomó unos días para llevar adelante la medida y respetó una "sugerencia" que llegó a oídos de los principales referentes del sector: que no hubiera protestas activas mientras Cristina asumía la Presidencia.
Lo cierto es que el conflicto por los precios fue apenas el corolario de un 2007 que tuvo otros condimentos más preocupantes para el sector. Al cierre de la presente edición todavía no se contaba con los datos finales de la caída de producción que arrojará el año, pero un dato es insoslayable: será en torno al 10% y la cantidad de materia prima entregada a las industrias este año desde los tambos será del mismo nivel de la de 1998, casi diez años atrás.
El escenario de concentración de la producción en grandes establecimientos siguió afirmándose. El cierre de pequeñas explotaciones, apurado por circunstancias climáticas adversas como las que afectaron a la provincia de Santa Fe a principios de otoño, tuvo otros condimentos igualmente negativos que influyeron en la baja de las estadísticas.
La intervención del Gobierno en la regulación de las exportaciones constituyó una medida extraordinariamente negativa, que desalentó inversiones, apuró decisiones de los productores y también impactó en forma directa sobre las producciones en los campos. Para decorar el panorama, la competencia de la soja se proyectó como una sombra ominosa que agregó otro componente amenazador para la lechería, por el impacto que tiene el valor de la soja sobre los precios de los arrendamientos. Con la oleaginosa superando los 900 pesos en las pizarras, la tentación de la agricultura hace más virtuosa la decisión de los tamberos que insisten en apostar a la lechería.
Ciertamente también se registraron hechos auspiciosos a lo largo del año. La presentación de la Asociación Civil Santafesina de Genética Lechera (ACSAGEN), con su laboratorio móvil, fue reveladora del interés de los cabañeros por continuar creciendo y proyectando el desarrollo de la raza.
El interés de otros países –la compra de vaquillonas por parte de Venezuela, o la misión inversa que se realizó en oportunidad de la centésima exposición de la Rural de Rafaela- por la lechería nacional también refleja la potencialidad del negocio y todo lo que puede hacerse para aprovechar las posibilidades que ofrece la producción nacional.

Los días del conflicto
Suele suceder que la última imagen de una determinada circunstancia es la que domina el balance final. Por eso el conflicto de diciembre puede llevar a una simplificación equivocada del año que finaliza, porque ese conflicto no fue más que un emergente del panorama global de la lechería.
La cronología de los acontecimientos se inició en Santa Fe, más precisamente en las plantas de SanCor en Sunchales, de Saputo en Rafaela; de Williner en Bella Italia y de Verónica en Classon. A ellas se le sumó luego el bloqueo de la planta de Milkaut en Franck y posteriormente la adopción de iguales medidas en la provincia de Córdoba, cuando ya en Santa Fe la protesta había consumido dos días.
En todos los casos, grupos de productores, a veces acompañados por sus esposas, se instalaron en las puertas de las fábricas para impedir la salida de productos lácteos elaborados, aunque se dejó ingresar normalmente a la materia prima que llegaba desde los campos.
Pese a que en las asambleas realizadas en Nuevo Torino y San Francisco hubo muchas intervenciones "inflamadas", por la pasión con que los productores abordaron el tema de la defensa del precio de la materia prima y enfatizaron su rechazo a la política del Gobierno nacional de intervenir en la baja de los mismos, el clima de la protesta tuvo pocos momentos de tensión.
Claro que también había paralelamente algunas negociaciones para destrabar la situación, sobre todo porque el Gobierno provincial se subió al conflicto con la intención de aportar soluciones por la vía del diálogo.
Los bloqueos no tuvieron esta vez la misma fuerza que en marzo del 2002. En parte porque la situación de la lechería es esencialmente distinta a la de aquel tiempo. Y también porque los productores se organizaron de manera tal de no gastar toda la pólvora en las primeras escaramuzas.
Por eso todo se desarrolló en orden, más allá de cierta tensión que sobrevino cuando la industria decidió recurrir a la justicia para denunciar penalmente al bloqueo de las fábricas. Ello originó la intervención del juez en lo Correccional de Rafaela, Dr. Osvaldo Carlos, que tuvo una actitud valorable. Lejos de buscar un protagonismo que no deseaba, el magistrado tomó distancia del tema, y se limitó a cumplir con algunos pasos procesales indispensables en estos casos.

La negociación
En la finalización del conflicto tuvo una participación clave el Gobierno de Santa Fe. El Ministerio de la Producción ofreció un ámbito donde industriales y productores se encontraran sin interferencias, con el Estado limitándose a cumplir un rol de mero intermediario, para sumar propuestas antes que incrementar diferencias. El ministro Juan José Bertero, recién llegado al cargo, cumplió con su parte y aunque nadie lo admitiera, tuvo un guiño favorable del Ministerio de Economía de la Nación. No se explica de otro modo que el acuerdo se haya alcanzado sin las interferencias que caracterizaron a todo el proceso de relaciones entre los industriales y los tamberos en la segunda mitad del año. Dicho en otras palabras, si el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno no pudo "meter la cuchara" en forma directa, fue porque Bertero –y Hermes Binner, obviamente- tuvieron la venia favorable del Gobierno Nacional para operar sobre la urgencia del conflicto con cierta independencia de criterios. Por esa misma razón el acuerdo alcanzado en Santa Fe fue la base del arreglo que se hizo público el 28 de diciembre.
Entre el 14 de diciembre -el día que se levantaron los bloqueos luego de la negociación con el Gobierno de Binner como intermediario- y el 28 de diciembre, hubo reuniones tensas, con la producción levantándose de la mesa en más de una ocasión, hasta que se firmó el acuerdo con los términos explicitados en espacio aparte. Si esos puntos, entre los cuales el principal es el mantenimiento del precio de la materia prima, resultan suficientes para echar nueva luz sobre el 2008 que arranca, sólo el tiempo lo dirá.

 

 

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