Análisis de la noticia

Un paño frío no es la cura definitiva

Por Miguel González*

El 2007 de la lechería se cerró con el vértigo del conflicto instalado a raíz de la intervención del Gobierno en los precios de la materia prima. La solución llegó en el último día hábil del año, con el significado de lo transitorio: el acuerdo firmado es un compendio de buenas intenciones para el futuro, pero sólo arroja como certeza el mantenimiento del precio de la producción primaria y la fijación de un precio de corte en 2.700 dólares por tonelada de leche en polvo exportada. Nada extraordinario ni revolucionario, más allá de la revalorización del Grupo Lácteo como instancia de negociación y la decisión de sumar, como expresión de deseos, al sector comercial a las discusiones de cadena.
Si bien se eliminó el principal factor de discordia, como era la amenaza del Gobierno de no autorizar exportaciones si las industrias no respetaban los famosos 78 centavos como precio de referencia por la leche de tambo, el año no terminó como para descorchar a cuenta de brindis futuros. Las causas que derivaron en la instalación del conflicto están intactas y el acuerdo firmado no fue más que un paño frío destinado a calmar el ardor de la protesta. Nada más que eso: un paño frío que no cura la enfermedad y apenas disimula los dolores.
La realidad indica que mientras el Gobierno siga privilegiando el control de la inflación de precios minoristas y la demanda externa de lácteos se mantenga activa como durante todo el 2007, la presión del mercado sobre una producción que registró una importante caída en el ejercicio que se acaba de cerrar continuará vigente. Más demanda y menos producción sólo pueden conducir a una suba de precios y la intervención del Estado para fijar arbitrariamente los precios de la materia prima sólo puede conducir a nuevos conflictos.
El eje de la cuestión está en cómo aumentar la producción primaria. Sólo hay una forma directa de hacerlo: asegurarle al productor una rentabilidad sostenible y razonable para que pueda continuar inviertiendo. Darle señales positivas. ¿Cómo hacerlo? Hay maneras. Por ejemplo, liberando de gravámenes impositivos a la importación de agroquímicos destinados a las campañas forrajeras; subsidiando el precio del gasoil a los tambos; proveyendo semillas de alfalfa sin cargas fiscales; interrelacionando a los organismos del Estado con las cooperativas para favorecer la adopción de medidas de aplicación inmediata que contribuyan a mejorar la rentabilidad.
Pero además hay otras cuestiones que revisar. Es hora que se produzca en los tambos un cambio de paradigmas. La rentabilidad no sólo se mejora cuando se cobra mejor la leche, sino cuando se gasta menos para producirla y eso se llama eficiencia. Un alto porcentaje de tambos deben mejorar la producción de pasto y forrajes, darle mejor confort a las vacas y gestionar sus establecimientos evaluando sus costos de producción. Muchos productores llegan a autoconvencerse de que están resignando rentabilidad y dejan la actividad sin saber lo cerca que se hallan de optimizar sus producciones.
Cierto es que el conflicto de diciembre dejó algunas notas salientes. El poderoso secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, perdió una pulseada personal: el acuerdo firmado, que contó con su rúbrica, se concretó a espaldas de su gira por Franck, Sunchales, General Rodríguez y Villa María, donde trató de convencer personalmente –y en vano- a los tamberos de que su propuesta inicial era correcta.
Salió fortalecido el Grupo Lácteo y la dirigencia de las mesas de lechería, que debió soportar algunas tormentas fuertes incluso en el plano interno, salió airosa en el desafío que se le planteó ante la presión de las bases –expresada con toda contundencia en las reuniones de Nuevo Torino y San Francisco- y su deseo de mantener canales de negociación abiertos. También quedó expuesto que hace falta un mayor sinceramiento en todos los actores de la cadena. Existen muchas mezquindades encubiertas.
Otro ganador fue Hermes Binner, cuyo gesto de poner al Gobierno de la provincia de Santa Fe a la cabeza de la conciliación demostró que se puede hacer política productiva sin necesidad de confrontar con el Estado federal, en un marco de legítima defensa de una economía regional clave para Santa Fe, como es la lechería.
Sin embargo, queda mucho por hacer. La industria nunca dejó en claro un mensaje unívoco y firme respecto a la problemática de fondo de la cadena láctea. Con más énfasis en el "off the record" que en público, responsabilizó al Gobierno de atar las manos de la lechería, pero volvió a demostrar que puede acomodarse con llamativa rapidez a cualquier medida que implique pagarle menos al productor. Esta vez los bloqueos no le dejaron margen de acción, aunque esos bloqueos hayan tenido un pecado de origen: los tamberos dejaron a salvo de sus acciones gremiales a las industrias de la provincia de Buenos Aires, especialmente a La Serenísima, cuando el objeto de la acción impulsada por las bases era privar a los grandes centros urbanos de la provisión de lácteos para alertar sobre la situación del sector.
El ordenamiento de la lechería según los objetivos planteados en las comisiones técnicas que se crearon luego de las jornadas de lucha que los Tamberos protagonizaron en el ya lejano 2002 es la gran cuenta pendiente. Hasta tanto no se salde esa deuda, los paños fríos serán cada vez más necesarios y llegará el día en que resulten insuficientes para calmar los dolores de la crisis. Hay acuerdos que deben comenzar a implementarse lo antes posible.

* Periodista. Redacción Nuestro Agro.

 

 

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