La situación internacional y su impacto en el agro argentino

La crisis financiera provocada por el "crack" de la denominada "burbuja inmobiliaria" en Estados Unidos está generando repercusiones de todo tipo. Muchas evaluaciones se han hecho sobre el posible impacto en la economía argentina. Aquí, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario sobre el tema y sus probables implicancias para el agro en nuestro país.


 En las últimas semanas la crisis financiera que se está viviendo en Estados Unidos ha dado lugar a comentarios de los más diversos entre los analistas. Algunas dicen que la mencionada crisis no afectará la economía de nuestro país mientras otros sostienen lo contrario. En especial, algunos argumentan que dicha crisis no va a afectar los precios de las commodities agrícolas, opinión que otros no comparten.
Aquí, los puntos principales de un informe que la Bolsa de Comercio de Rosario difundió y que contiene elementos merecedores de especial atención.
a) La crisis que está viviendo Estados Unidos tiene su origen en problemas crediticios en el mundo inmobiliario, lo que termina afectando, en primer lugar, a aquellos bancos que han otorgados préstamos hipotecarios. A su vez, las pérdidas bancarias, que en principio se estiman superiores a los 100.000 millones de dólares, terminan afectando a otros sectores de la economía a través del complicado mundo de los derivados. La crisis puede pasar de ser financiera a una crisis de solvencia y finalmente económica.
b) De terminar afectando la crisis la economía de Estados Unidos, repercutirá y afectará el comercio de ese país con el mundo, dado que las importaciones estadounidenses se contraerán. Por supuesto, aquellos países que tienen una participación mayor en el comercio de importación de Estados Unidos serán los más afectados, como Canadá, México, etc, pero las repercusiones de la crisis, probablemente, se generalizarán aún a aquellos países que no tienen un comercio directo con el país del Norte.
c) El comercio mundial de bienes y servicios asciende a alrededor de 13 billones de dólares, es decir alrededor de un 25% del Producto Bruto Mundial. Las importaciones estadounidenses ascienden a una cifra cercana a los 2,2 billones de dólares. La balanza comercial de EE.UU. en los últimos doce meses fue deficitaria en 813.000 millones de dólares según se consigna en The Economist del 19 al 25 de enero del corriente año.
d) Según la misma publicación el PIB de EE.UU. crecería 1,8% en el 2008 y 2,6% el próximo año. La producción industrial del mes de diciembre creció un 1,5% en términos anuales y la tasa de inflación llegó al 4,1%. La tasa de desempleo en el mes de diciembre se encontraba en 5%, un poco mayor a la registrada en los meses previos pero no ‘alarmante’ si tenemos en cuenta que el desempleo friccional (por cambio laboral) es muy alto en EE.UU.
e) El índice de The Economist de todos las commodities con el dólar al 15 de enero del corriente año tuvo un incremento mensual del 7% y anual del 26%. En el caso concreto de los alimentos, el incremento mensual fue de 6,3% y el anual de 47,7%.
f) Una caída del comercio mundial, de sostenerse en el tiempo, implicará, probablemente, también una caída en el precio de las commodities agrícolas y, por supuesto, afectaría la economía de nuestro país.

Ningún blindaje
Aunque la participación de Argentina en las importaciones es pequeña ello no significa que estemos blindados (como se dice en algunos medios) a los efectos de una crisis. Lamentablemente se vuelve a usar una expresión que ya demostró en el pasado (2000-01) su poca efectividad. Probablemente Argentina se vea afectada menos que otros países, como bien dice el Dr. Roque Fernández en una entrevista reciente en Ámbito Financiero, en razón a lo que ha hecho mal: su casi total aislamiento de los mercados de capitales del mundo.
¿Qué puede pasar con los precios de los commodities agrícolas? En los últimos tiempos estos precios alcanzaron niveles récord, ¿pero es esto así? Veamos primero cuales son las razones que explican los mencionados niveles. Empecemos analizando la primera de esas razones:
1) Esos precios están expresados en dólares estadounidenses y esta moneda se ha depreciado en los últimos años. Si se expresaran en un dólar estable en una serie de 38 años esos precios no serían los más altos.
2) Para el trigo el precio más alto medido en dólares nominales es el registrado en los últimos tiempos con casi 9,50 dólares el bushel, pero si lo expresamos en dólares constantes del año 1970, el precio más alto estaría en alrededor de 4,70 dólares en 1974. Los precios de la última semana de enero estarían en 1,6 dólares por bushel, y aunque están por arriba de los 0,7 dólares de un año atrás no son lo más elevados.
3) El precio del bushel de maíz más elevado en dólares corrientes se registró en 1997 con 5,20 dólares. En los últimas tiempos llegó a 4,50 dólares. Si los expresamos en valores constantes el precio más alto se registró también en 1974 con casi 2,90 dólares el bushel. El valor de las últimas semanas de enero estaría en alrededor de 0,80 dólares, bastante más elevado que los registrados desde 1998 en adelante pero más bajo que muchos de los precios de la serie.
4) El precio del bushel de soja más elevado en valores corrientes se registró en las últimas semanas con 12 dólares. Pero si expresamos los valores en dólares constantes de 1970 el precio más elevado habría sido también en 1974 con casi 9 dólares el bushel; estaría en alrededor de 2,10 dólares, más alto que el registrado en el 2004 con 2 dólares y con respecto a los valores registrados en el 2005 y 2006 de alrededor de 1,3 dólares, pero no constituye un valor sobresaliente.
Las series de precios constantes que toman un período muy largo, en los casos anteriores alrededor de 38 años, pueden objetarse dado que los índices de precios pueden haber sufrido variaciones importantes en el período, pero de todas maneras nos dan una idea de que la explicación mayor de los altos precios de los tres commodities agrícolas mencionadas (trigo, maíz y soja) radica en la depreciación de la moneda que se ha usado para la medición.

Recuerdos de los '70s
Es interesante recalcar también que los precios más elevados a valores constantes en los tres casos (trigo, maíz y soja) se registraron en el boom de 1974. Recordemos que en ese año, después de la guerra de Yom Kippur entre árabes y judíos (octubre de 1973), el precio del petróleo arrastró el precio de los otras commodities.
El precio del crudo que estaba hasta 1973 en alrededor de 3 dólares el barril, subió a cerca de 12 dólares en pocos meses. Algunos pueden pensar que la razón fundamental de esta suba radicó en que los países de la OPEP en solidaridad con los países árabes que habían perdido la guerra, al restringir la oferta de petróleo produjeron su gran aumento. Pero en realidad, detrás de esta actitud de la OPEP, que por supuesto existió, había ocurrido previamente algo en el plano monetario. Estados Unidos, que desde muchas décadas atrás había mantenido la convertibilidad del dólar con el oro (primero a 35 dólares la onza troy, luego a 38 dólares y después a 42 dólares) declaró en agosto de 1971 la inconvertibilidad de su moneda con el oro. Para detener el aumento de los precios, el Presidente Richard Nixon decretó el control de precios, lo que duró poco menos de dos años. Luego vino la explosión de los mismos.
Otro aspecto importante que debe recalcarse de las mencionadas estadísticas es el siguiente: desde el punto de vista oficial se justifican las retenciones a las exportaciones agrícolas dada la suposición de los altísimos precios que se estarían registrando, cuando en realidad, sin dejar de ser buenos precios, está de más la palabra ‘altísimo’. No son muy diferentes, en valores constantes, a los registrados en 1996 y 1997 cuando el índice de precios publicado por el INDEC no daba cuenta, prácticamente, de inflación.
La segunda razón que explica el alza de los precios de los commodities agrícolas es una menor relación stock final/utilización, relación que es un componente prioritario del análisis fundamental y más si tenemos en cuenta no tanto el ratio mundial sino el ratio estadounidense, ya que los operadores de Chicago, a pesar de ser ese un mercado internacional, se preocupan más por lo que pasa en casa. El mencionado ratio tiene en cuenta la oferta y la demanda de los granos, pero como esta última no registra grandes variaciones de un año a otro, es la oferta la que juega un papel importante y de hecho, en los últimos años la producción de granos no ha tenido un incremento sostenido.
Con respecto a la demanda, que también es parte importante en el ratio anteriormente mencionado, se ha exagerado su importancia debido al incremento en la utilización de algunos granos o subproductos en la producción de biocombustibles. Es el caso del maíz y de los aceites de colza, soja y palma. En un cálculo grosero, como el publicado en el artículo "Alimentos y biocombustibles" del Semanario 1340 de la BCR, estimamos que el consumo de granos y aceites para producir biocombustibles estaría este año en el orden de 92 millones de toneladas de maíz y 35 millones de toneladas de semillas oleaginosas. Hay que hacer notar que tanto en el maíz como en las semillas oleaginosas que se utilizan para biocombustibles, restan subproductos.
En el caso del maíz, de un bushel (25,401 kg) se obtienen 10,1 litros de etanol y 7,25 kg de DDGS (granos destilados), que se pueden utilizar para la alimentación animal. En el caso de las semillas oleaginosas, para la colza restan alrededor de un 60% de harina y para la soja alrededor del 80%. En resumen: se utilizarían para biocombustibles alrededor de 130 millones de toneladas pero su efecto en la menor alimentación animal podría estar en 80 millones de toneladas, que es menos del 3,5% de la producción mundial de granos y oleaginosas que calculamos en alrededor de 2.300 millones de toneladas. No se puede sostener con fundamento que el fuerte aumento que registraron los commodities agrícolas se deba, fundamentalmente, al incremento por la mencionada demanda extra para biocombustibles.



 

Un estilo identificado y comprometido con la esforzada labor periodistica.
© Revista Nuestro Agro ,1996. Todos los derechos reservados.
Maipú 234 - (2300) Ciudad de Rafaela, Santa Fe, Argentina. Teléfonos:
(54-03492) 420199
- 434114
La utilización del sitio asume la aceptación de los términos y condiciones.
-------