En
las últimas semanas la crisis financiera que se está
viviendo en Estados Unidos ha dado lugar a comentarios de
los más diversos entre los analistas. Algunas dicen
que la mencionada crisis no afectará la economía
de nuestro país mientras otros sostienen lo contrario.
En especial, algunos argumentan que dicha crisis no va a afectar
los precios de las commodities agrícolas, opinión
que otros no comparten.
Aquí, los puntos principales de un informe que la Bolsa
de Comercio de Rosario difundió y que contiene elementos
merecedores de especial atención.
a) La crisis que está viviendo Estados Unidos tiene
su origen en problemas crediticios en el mundo inmobiliario,
lo que termina afectando, en primer lugar, a aquellos bancos
que han otorgados préstamos hipotecarios. A su vez,
las pérdidas bancarias, que en principio se estiman
superiores a los 100.000 millones de dólares, terminan
afectando a otros sectores de la economía a través
del complicado mundo de los derivados. La crisis puede pasar
de ser financiera a una crisis de solvencia y finalmente económica.
b) De terminar afectando la crisis la economía de Estados
Unidos, repercutirá y afectará el comercio de
ese país con el mundo, dado que las importaciones estadounidenses
se contraerán. Por supuesto, aquellos países
que tienen una participación mayor en el comercio de
importación de Estados Unidos serán los más
afectados, como Canadá, México, etc, pero las
repercusiones de la crisis, probablemente, se generalizarán
aún a aquellos países que no tienen un comercio
directo con el país del Norte.
c) El comercio mundial de bienes y servicios asciende a alrededor
de 13 billones de dólares, es decir alrededor de un
25% del Producto Bruto Mundial. Las importaciones estadounidenses
ascienden a una cifra cercana a los 2,2 billones de dólares.
La balanza comercial de EE.UU. en los últimos doce
meses fue deficitaria en 813.000 millones de dólares
según se consigna en The Economist del 19 al 25 de
enero del corriente año.
d) Según la misma publicación el PIB de EE.UU.
crecería 1,8% en el 2008 y 2,6% el próximo año.
La producción industrial del mes de diciembre creció
un 1,5% en términos anuales y la tasa de inflación
llegó al 4,1%. La tasa de desempleo en el mes de diciembre
se encontraba en 5%, un poco mayor a la registrada en los
meses previos pero no ‘alarmante’ si tenemos en
cuenta que el desempleo friccional (por cambio laboral) es
muy alto en EE.UU.
e) El índice de The Economist de todos las commodities
con el dólar al 15 de enero del corriente año
tuvo un incremento mensual del 7% y anual del 26%. En el caso
concreto de los alimentos, el incremento mensual fue de 6,3%
y el anual de 47,7%.
f) Una caída del comercio mundial, de sostenerse en
el tiempo, implicará, probablemente, también
una caída en el precio de las commodities agrícolas
y, por supuesto, afectaría la economía de nuestro
país. Ningún
blindaje
Aunque la participación de Argentina en las importaciones
es pequeña ello no significa que estemos blindados
(como se dice en algunos medios) a los efectos de una crisis.
Lamentablemente se vuelve a usar una expresión que
ya demostró en el pasado (2000-01) su poca efectividad.
Probablemente Argentina se vea afectada menos que otros
países, como bien dice el Dr. Roque Fernández
en una entrevista reciente en Ámbito Financiero,
en razón a lo que ha hecho mal: su casi total aislamiento
de los mercados de capitales del mundo.
¿Qué puede pasar con los precios de los commodities
agrícolas? En los últimos tiempos estos precios
alcanzaron niveles récord, ¿pero es esto así?
Veamos primero cuales son las razones que explican los mencionados
niveles. Empecemos analizando la primera de esas razones:
1) Esos precios están expresados en dólares
estadounidenses y esta moneda se ha depreciado en los últimos
años. Si se expresaran en un dólar estable
en una serie de 38 años esos precios no serían
los más altos.
2) Para el trigo el precio más alto medido en dólares
nominales es el registrado en los últimos tiempos
con casi 9,50 dólares el bushel, pero si lo expresamos
en dólares constantes del año 1970, el precio
más alto estaría en alrededor de 4,70 dólares
en 1974. Los precios de la última semana de enero
estarían en 1,6 dólares por bushel, y aunque
están por arriba de los 0,7 dólares de un
año atrás no son lo más elevados.
3) El precio del bushel de maíz más elevado
en dólares corrientes se registró en 1997
con 5,20 dólares. En los últimas tiempos llegó
a 4,50 dólares. Si los expresamos en valores constantes
el precio más alto se registró también
en 1974 con casi 2,90 dólares el bushel. El valor
de las últimas semanas de enero estaría en
alrededor de 0,80 dólares, bastante más elevado
que los registrados desde 1998 en adelante pero más
bajo que muchos de los precios de la serie.
4) El precio del bushel de soja más elevado en valores
corrientes se registró en las últimas semanas
con 12 dólares. Pero si expresamos los valores en
dólares constantes de 1970 el precio más elevado
habría sido también en 1974 con casi 9 dólares
el bushel; estaría en alrededor de 2,10 dólares,
más alto que el registrado en el 2004 con 2 dólares
y con respecto a los valores registrados en el 2005 y 2006
de alrededor de 1,3 dólares, pero no constituye un
valor sobresaliente.
Las series de precios constantes que toman un período
muy largo, en los casos anteriores alrededor de 38 años,
pueden objetarse dado que los índices de precios
pueden haber sufrido variaciones importantes en el período,
pero de todas maneras nos dan una idea de que la explicación
mayor de los altos precios de los tres commodities agrícolas
mencionadas (trigo, maíz y soja) radica en la depreciación
de la moneda que se ha usado para la medición.
Recuerdos
de los '70s
Es interesante recalcar también que los precios más
elevados a valores constantes en los tres casos (trigo,
maíz y soja) se registraron en el boom de 1974. Recordemos
que en ese año, después de la guerra de Yom
Kippur entre árabes y judíos (octubre de 1973),
el precio del petróleo arrastró el precio
de los otras commodities.
El precio del crudo que estaba hasta 1973 en alrededor de
3 dólares el barril, subió a cerca de 12 dólares
en pocos meses. Algunos pueden pensar que la razón
fundamental de esta suba radicó en que los países
de la OPEP en solidaridad con los países árabes
que habían perdido la guerra, al restringir la oferta
de petróleo produjeron su gran aumento. Pero en realidad,
detrás de esta actitud de la OPEP, que por supuesto
existió, había ocurrido previamente algo en
el plano monetario. Estados Unidos, que desde muchas décadas
atrás había mantenido la convertibilidad del
dólar con el oro (primero a 35 dólares la
onza troy, luego a 38 dólares y después a
42 dólares) declaró en agosto de 1971 la inconvertibilidad
de su moneda con el oro. Para detener el aumento de los
precios, el Presidente Richard Nixon decretó el control
de precios, lo que duró poco menos de dos años.
Luego vino la explosión de los mismos.
Otro aspecto importante que debe recalcarse de las mencionadas
estadísticas es el siguiente: desde el punto de vista
oficial se justifican las retenciones a las exportaciones
agrícolas dada la suposición de los altísimos
precios que se estarían registrando, cuando en realidad,
sin dejar de ser buenos precios, está de más
la palabra ‘altísimo’. No son muy diferentes,
en valores constantes, a los registrados en 1996 y 1997
cuando el índice de precios publicado por el INDEC
no daba cuenta, prácticamente, de inflación.
La segunda razón que explica el alza de los precios
de los commodities agrícolas es una menor relación
stock final/utilización, relación que es un
componente prioritario del análisis fundamental y
más si tenemos en cuenta no tanto el ratio mundial
sino el ratio estadounidense, ya que los operadores de Chicago,
a pesar de ser ese un mercado internacional, se preocupan
más por lo que pasa en casa. El mencionado ratio
tiene en cuenta la oferta y la demanda de los granos, pero
como esta última no registra grandes variaciones
de un año a otro, es la oferta la que juega un papel
importante y de hecho, en los últimos años
la producción de granos no ha tenido un incremento
sostenido.
Con respecto a la demanda, que también es parte importante
en el ratio anteriormente mencionado, se ha exagerado su
importancia debido al incremento en la utilización
de algunos granos o subproductos en la producción
de biocombustibles. Es el caso del maíz y de los
aceites de colza, soja y palma. En un cálculo grosero,
como el publicado en el artículo "Alimentos
y biocombustibles" del Semanario 1340 de la BCR, estimamos
que el consumo de granos y aceites para producir biocombustibles
estaría este año en el orden de 92 millones
de toneladas de maíz y 35 millones de toneladas de
semillas oleaginosas. Hay que hacer notar que tanto en el
maíz como en las semillas oleaginosas que se utilizan
para biocombustibles, restan subproductos.
En el caso del maíz, de un bushel (25,401 kg) se
obtienen 10,1 litros de etanol y 7,25 kg de DDGS (granos
destilados), que se pueden utilizar para la alimentación
animal. En el caso de las semillas oleaginosas, para la
colza restan alrededor de un 60% de harina y para la soja
alrededor del 80%. En resumen: se utilizarían para
biocombustibles alrededor de 130 millones de toneladas pero
su efecto en la menor alimentación animal podría
estar en 80 millones de toneladas, que es menos del 3,5%
de la producción mundial de granos y oleaginosas
que calculamos en alrededor de 2.300 millones de toneladas.
No se puede sostener con fundamento que el fuerte aumento
que registraron los commodities agrícolas se deba,
fundamentalmente, al incremento por la mencionada demanda
extra para biocombustibles.
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