El
27 de enero pasado se difundió el primer informe sobre
los posibles efectos contaminantes de la planta de Botnia
sobre el ambiente argentino. Se trata de un trabajo de una
ONG internacional (Green Cross) que, aparentemente, se concentra
en el contenido de anhídrido sulfuroso en aire, del
que se puede derivar la llamada lluvia ácida.
Hay varios elementos del episodio que nos obligan a emitir
nuestra opinión, como uno de los organismos del Estado
nacional vinculado con la promoción y supervisión
de la producción industrial sustentable y responsable.
En primera medida, el tema de la lluvia ácida. Numerosos
técnicos del país –incluyendo los del
INTI– han señalado que es altamente improbable
que esta cuestión se convierta alguna vez en un problema
en Gualeguaychú. El alto contenido de azufre combinado
en el aire es propio de áreas de producción
siderúrgica o de combustión de carbón,
con alta densidad industrial, de algunas zonas de Europa.
A nadie debiera sorprender que en Ñandubaysal los tenores
de anhídrido sulfuroso sean sólo el 8% del mínimo
fijado por la Organización Mundial de la Salud como
techo aceptable y muchísimo menos que lo fijado por
organismos menos rigurosos.
Quien presentó este trabajo como forma de desmentir
toda contaminación, en este caso, hace una trampa intelectual
al referirse a un parámetro que no es crítico,
aunque lo hace apoyada en irresponsables declaraciones de
funcionarios públicos, incluyendo un ex gobernador
y un ex canciller, que hablaron en su momento de la lluvia
ácida desde la más supina ignorancia. Tal vez
el informe podría haber agregado que no se detectó
un aumento en "la presencia de dragones en la zona".
Los verdaderos parámetros a seguir son las dioxinas
en aire y en agua, así como la variación de
nitratos y fosfatos en el agua. Sobre esto no parecen haberse
difundido datos. Si eso es así, el material dado a
conocer no sirve para gran cosa.
En segundo término, el camino elegido de referenciarse
en una ONG cuyo prestigio en el tema ambiental se basa, curiosamente,
en que es auspiciada por el ex premier ruso Mikhail Gorbachov,
llevará seguramente al desfile de consultoras internacionales
de todo pelaje, suministrando información no creíble
más que para quien la contrata.
Hay demasiadas experiencias mundiales de la certificación
de temas críticos llevadas a cabo por entidades de
parte, como para no advertir que esto será ruido sobre
ruido.
Entidades de Gualeguaychú han encargado sus propios
estudios; la Secretaría de Medio Ambiente parece haber
encargado también los suyos. En el actual estadio de
controversia pública tan aguda sobre esta cuestión,
¿qué harán esos ámbitos con sus
respectivos informes, si ellos contradicen prejuiciosas conclusiones
emitidas por anticipado? ¿Quién los admitirá
como válidos si coinciden con aquellos prejuicios?
Creo que todos hemos puesto algún granito de arena
para construir un laberinto con numerosas salidas falsas.
Llegados a este punto y con la planta de Botnia en funcionamiento
nos permitimos reiterar una propuesta que formulamos hace
casi dos años y que creemos que hoy es aún más
válida que entonces: Se debe encargar la auditoría
completa y el monitoreo de todo efecto de esta planta sobre
el ambiente a un grupo técnico binacional -si es posible
trinacional, sumando a entidades de Brasil- que tenga transparencia
técnica, independencia política y potestad plena
para medir, evaluar y hacer todas las recomendaciones necesarias.
En la Argentina hay numerosos ámbitos de ciencia y
técnica y de universidades que pueden aportar una mirada
solvente. También los hay en Uruguay, con algunos de
los cuales, el INTI mantiene fraternales y productivos vínculos
en varios temas.
Me adelanto a señalar que esta reiteración nuestra
puede aparecer como inocente, frente a las tensiones generadas
en todo este tiempo. Muy respetables colegas nos lo han señalado.
Sin embargo, creo que las verdades simples suelen ser las
más efectivas, sobre todo en los momentos de mayor
crisis. Nada que se diga o haga será útil en
este contexto si no decidimos, de verdad, creer en ámbitos
públicos de nuestras propias comunidades. De paso que
se los pueda convocar, se les daría una entidad social
que es imprescindible. Necesitamos que los temas del ambiente
en Gualeguaychú y en muchos otros lugares del país;
de la basura del conurbano; de la minería en las comunidades
cordilleranas; de la eficiencia energética; del ordenamiento
territorial, usos del suelo y producción de alimentos;
esto es: los temas que es imposible que el mercado resuelva,
reciban una mirada técnica comprometida, profunda y
respetada por toda la sociedad. Es posible. Será la
mejor manera de honrar en términos prácticos
la valiosa decisión de pensar que un Ministerio de
Ciencia y Tecnología integre el Gobierno Nacional.
*Presidente del INTI.
Prolongado
conflicto con Uruguay
La
Haya: una gran sala de espera
Ahora
le toca a Argentina y luego será el turno de Uruguay.
Las visitas a la Corte Internacional de La Haya se parecen
a las consultas médicas de rutina, en donde el doctor
no encuentra nada grave pero recomienda al paciente que
saque otro turno para dentro de un tiempo. Así, cada
dos, cuatro o seis meses se alternarán los reclamos
argentinos con las defensas uruguayas. Y mientras tanto,
la pastera funciona, los estudios ambientales brillan por
su ausencia y los asambleístas entrerrianos continúan
con su implacable corte de ruta (que ya lleva 14 meses ininterrumpidos).
En esta oportunidad fue Argentina quien volvió al
Supremo Tribunal para presentar nuevas pruebas sobre la
presunta violación del Tratado del Río Uruguay
por parte del país vecino.
El grupo de la Cancillería argentina, encabezado
por la embajadora Susana Ruiz Cerutti, se presentó
el pasado 29 de enero en La Haya para exponer lo que se
denomina "réplica", una etapa procesal
que será seguida por la "dúplica"
de Uruguay, para la cual tiene ese país plazo hasta
el próximo 29 de julio.
Desde la delegación de la Cancillería, se
presume que antes de fin de año se conocerá
el fallo, que podría terminar con la disputa entre
la Argentina y Uruguay. Ruiz Cerruti remarcó que
en lo que va del conflicto "ocurrieron acontecimientos
que han agravado el diferendo: el más grave es que
haya empezado a funcionar la planta (de Botnia)", dijo
la diplomática.
En ese mismo día, se dio un caso premonitorio: la
pastera paralizó su producción al detectarse
"una falla en un instrumento de medición"
en la planta. De acuerdo a la prensa uruguaya, "en
la noche del 28 se registró una falla en un instrumento
de medición que generó que se apagara la caldera
principal, y por ende, toda la fábrica". Pero
voceros de la empresa dijeron que se trató de una
"parada técnica" habitual en la etapa de
ajustes que se están realizando en la planta, que
actualmente funciona al 80% de su capacidad.
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