Botnia y los dragones

Con este título, el Presidente del INTI cuestiona el alcance y validez del estudio presentado a fines de enero sobre el impacto ambiental de Botnia por parte de una ONG "neutral", y reitera la
propuesta de monitoreo binacional conjunto a cargo de organismos estatales de ciencia y técnica.

Por Enrique Martínez *


 El 27 de enero pasado se difundió el primer informe sobre los posibles efectos contaminantes de la planta de Botnia sobre el ambiente argentino. Se trata de un trabajo de una ONG internacional (Green Cross) que, aparentemente, se concentra en el contenido de anhídrido sulfuroso en aire, del que se puede derivar la llamada lluvia ácida.
Hay varios elementos del episodio que nos obligan a emitir nuestra opinión, como uno de los organismos del Estado nacional vinculado con la promoción y supervisión de la producción industrial sustentable y responsable.
En primera medida, el tema de la lluvia ácida. Numerosos técnicos del país –incluyendo los del INTI– han señalado que es altamente improbable que esta cuestión se convierta alguna vez en un problema en Gualeguaychú. El alto contenido de azufre combinado en el aire es propio de áreas de producción siderúrgica o de combustión de carbón, con alta densidad industrial, de algunas zonas de Europa. A nadie debiera sorprender que en Ñandubaysal los tenores de anhídrido sulfuroso sean sólo el 8% del mínimo fijado por la Organización Mundial de la Salud como techo aceptable y muchísimo menos que lo fijado por organismos menos rigurosos.
Quien presentó este trabajo como forma de desmentir toda contaminación, en este caso, hace una trampa intelectual al referirse a un parámetro que no es crítico, aunque lo hace apoyada en irresponsables declaraciones de funcionarios públicos, incluyendo un ex gobernador y un ex canciller, que hablaron en su momento de la lluvia ácida desde la más supina ignorancia. Tal vez el informe podría haber agregado que no se detectó un aumento en "la presencia de dragones en la zona".
Los verdaderos parámetros a seguir son las dioxinas en aire y en agua, así como la variación de nitratos y fosfatos en el agua. Sobre esto no parecen haberse difundido datos. Si eso es así, el material dado a conocer no sirve para gran cosa.
En segundo término, el camino elegido de referenciarse en una ONG cuyo prestigio en el tema ambiental se basa, curiosamente, en que es auspiciada por el ex premier ruso Mikhail Gorbachov, llevará seguramente al desfile de consultoras internacionales de todo pelaje, suministrando información no creíble más que para quien la contrata.
Hay demasiadas experiencias mundiales de la certificación de temas críticos llevadas a cabo por entidades de parte, como para no advertir que esto será ruido sobre ruido.
Entidades de Gualeguaychú han encargado sus propios estudios; la Secretaría de Medio Ambiente parece haber encargado también los suyos. En el actual estadio de controversia pública tan aguda sobre esta cuestión, ¿qué harán esos ámbitos con sus respectivos informes, si ellos contradicen prejuiciosas conclusiones emitidas por anticipado? ¿Quién los admitirá como válidos si coinciden con aquellos prejuicios?
Creo que todos hemos puesto algún granito de arena para construir un laberinto con numerosas salidas falsas.
Llegados a este punto y con la planta de Botnia en funcionamiento nos permitimos reiterar una propuesta que formulamos hace casi dos años y que creemos que hoy es aún más válida que entonces: Se debe encargar la auditoría completa y el monitoreo de todo efecto de esta planta sobre el ambiente a un grupo técnico binacional -si es posible trinacional, sumando a entidades de Brasil- que tenga transparencia técnica, independencia política y potestad plena para medir, evaluar y hacer todas las recomendaciones necesarias. En la Argentina hay numerosos ámbitos de ciencia y técnica y de universidades que pueden aportar una mirada solvente. También los hay en Uruguay, con algunos de los cuales, el INTI mantiene fraternales y productivos vínculos en varios temas.
Me adelanto a señalar que esta reiteración nuestra puede aparecer como inocente, frente a las tensiones generadas en todo este tiempo. Muy respetables colegas nos lo han señalado. Sin embargo, creo que las verdades simples suelen ser las más efectivas, sobre todo en los momentos de mayor crisis. Nada que se diga o haga será útil en este contexto si no decidimos, de verdad, creer en ámbitos públicos de nuestras propias comunidades. De paso que se los pueda convocar, se les daría una entidad social que es imprescindible. Necesitamos que los temas del ambiente en Gualeguaychú y en muchos otros lugares del país; de la basura del conurbano; de la minería en las comunidades cordilleranas; de la eficiencia energética; del ordenamiento territorial, usos del suelo y producción de alimentos; esto es: los temas que es imposible que el mercado resuelva, reciban una mirada técnica comprometida, profunda y respetada por toda la sociedad. Es posible. Será la mejor manera de honrar en términos prácticos la valiosa decisión de pensar que un Ministerio de Ciencia y Tecnología integre el Gobierno Nacional.

*Presidente del INTI.

Prolongado conflicto con Uruguay

La Haya: una gran sala de espera

Ahora le toca a Argentina y luego será el turno de Uruguay. Las visitas a la Corte Internacional de La Haya se parecen a las consultas médicas de rutina, en donde el doctor no encuentra nada grave pero recomienda al paciente que saque otro turno para dentro de un tiempo. Así, cada dos, cuatro o seis meses se alternarán los reclamos argentinos con las defensas uruguayas. Y mientras tanto, la pastera funciona, los estudios ambientales brillan por su ausencia y los asambleístas entrerrianos continúan con su implacable corte de ruta (que ya lleva 14 meses ininterrumpidos).
En esta oportunidad fue Argentina quien volvió al Supremo Tribunal para presentar nuevas pruebas sobre la presunta violación del Tratado del Río Uruguay por parte del país vecino.
El grupo de la Cancillería argentina, encabezado por la embajadora Susana Ruiz Cerutti, se presentó el pasado 29 de enero en La Haya para exponer lo que se denomina "réplica", una etapa procesal que será seguida por la "dúplica" de Uruguay, para la cual tiene ese país plazo hasta el próximo 29 de julio.
Desde la delegación de la Cancillería, se presume que antes de fin de año se conocerá el fallo, que podría terminar con la disputa entre la Argentina y Uruguay. Ruiz Cerruti remarcó que en lo que va del conflicto "ocurrieron acontecimientos que han agravado el diferendo: el más grave es que haya empezado a funcionar la planta (de Botnia)", dijo la diplomática.
En ese mismo día, se dio un caso premonitorio: la pastera paralizó su producción al detectarse "una falla en un instrumento de medición" en la planta. De acuerdo a la prensa uruguaya, "en la noche del 28 se registró una falla en un instrumento de medición que generó que se apagara la caldera principal, y por ende, toda la fábrica". Pero voceros de la empresa dijeron que se trató de una "parada técnica" habitual en la etapa de ajustes que se están realizando en la planta, que actualmente funciona al 80% de su capacidad.

 

 

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