Tierra de Hacedores: Bodas de Oro de Cabaña "La Lilia"

La satisfacción de escribir una gran historia

En el 2008, la cabaña de raza Holando Argentino situada en la localidad santafesina de Aldao cumple sus primeros cincuenta años de vida. Onelio Barberis, padre y mentor de una empresa emblemática como "La Lilia" regaló en una extensa charla con Nuestro Agro un pedazo de su historia. Desde sus inicios en la cabaña hasta el día de hoy, el camino que él y su familia forjaron, es sinónimo de satisfacción.


Bien se podría comenzar a escribir la historia de su vida empleando el latiguillo que los cuentos tienen para sumergir a los lectores a una fábula que promete ser atrapante: "Había una vez…"
Poder hacer tradición de la vida propia no es cosa fácil. Hace 50 años, Onelio Barberis acuñaba un sueño en blanco y negro muchas veces amenazado por el desánimo aunque con la fuerza suficiente como para sobreponerse y ver una nueva oportunidad de crecimiento frente a la adversidad. Los años, le han enseñado que la calma es lo último que debe perderse y que tanto la constancia como el trabajo, son dos herramientas que brindan la posibilidad de hacer grandes cosas. Sin embargo, Don Onelio a sus flamantes 80 años echa por tierra con esta creencia y demuestra que lo que la vida regala en vivencias, es un tesoro que no tiene fecha de vencimiento. Hace 50 años, él pensaba que con sus "ganas de hacer" podría llegar a ubicarse entre las diez mejores cabañas del país. Y no se equivocó. Incluso puede ubicarse en un grupo aún más selecto. Este hombre que a lo largo de toda su vida se brindó plenamente a la crianza y desarrollo de una raza tan noble como lo es la del Holando Argentino, recibió a Nuestro Agro con su habitual hospitalidad y predisposición para hacer llegar a través de su historia, un mensaje de optimismo a todo el sector de la lechería.

Los primeros pasos
Desde el escritorio en el que la familia Barberis guarda todos los premios cosechados por la cabaña durante sus 50 años de trayectoria, el hombre de expresiones casi quietas, acomodó su boina blanca tejida de hilo y comenzó a recordar sus primeros pasos. Al momento de narrar los orígenes de "La Lilia", Onelio recuerda con gratitud la figura de Don Isaac Gutman, un colono judío que no le regaló nada, pero que le "abrió todas las puertas" para que él pudiera crecer a fuerza de trabajo y dedicación. En un momento de su narración, Onelio reconoció que "no todo fue soplar y hacer botellas" al principio de la cabaña. Él media su potencial y su fuerza en relación a criadores de raza Holando que por aquel entonces marcaban la tendencia, y en más de una oportunidad se desanimó al tomar conciencia de la brecha que había que salvar para ponerse a la par de la rueda chica. Pero se aferró a su sueño y siguió haciendo todo lo que estuvo a su alcance para llevar a lo más alto el nombre de "La Lilia", nombre que recuerda a su querida esposa, ya fallecida. "Tanto yo como mis hijos llevamos la cabaña adentro nuestro. Yo por más de veinte años perdí y gané plata con la cabaña, pero siempre aposté y hoy es una empresa de gran rentabilidad en la que todavía tenemos muchísimo espacio para seguir creciendo", reconoce Onelio, quien demuestra en sus conceptos una debilidad por la innovación y por la constante búsqueda de elementos técnicos y tecnológicos para continuar avanzando.
Sin embargo, en los primeros años no fue fácil encaminar su proyecto de una cabaña de primer nivel y tuvo que sortear varios escollos para sacar adelante su pasión más grande. Fue así como comenzó a sembrar algunas hectáreas de lino en campos de Curupaytí que pertenecían a Don Isaac Gutman, hombre de la política bonaerense que periódicamente se instalaba en Moises Ville para estar cerca de sus tierras. "Recuerdo que tenía 22 años cuando conocí a Don Isaac y al cabo de un tiempo terminamos siendo amigos. Fue entonces cuando me confesó que había visto en mí muchas ganas de hacer cosas y buena estrella para los negocios, y que por eso mismo me había concedido la posibilidad de sembrar lino en sus campos".
Onelio comentó que Isaac le había ofrecido su propio arado de discos para trabajar las tierras y de esta manera aquel jovencito loco por las vacas de Colonia Aldao, se subió a su Ford T junto a un tambero que tenía por aquel entonces, y partió a Curupaytí a trabajar la tierra para sembrar el lino en los campos de Gutman. "Muchas veces Isaac me motivó a sembrar más y yo aducía que no estaba en condiciones económicas de afrontar mayores superficies de agricultura". Cuenta que ante tal situación, las palabras de aquel hombre habían sido: "¿Tenés tiempo Onelio?, porque si tenés tiempo es suficiente, por lo demás no te preocupes". Al año siguiente, Onelio con un solo tractor había sembrado 800 hectáreas de lino en Curupaytí. Gutman fue a pasar sus últimos años a Israel y periódicamente visitaba el país, puntualmente Moises Ville, pero también Colonia Aldao era uno de sus pasos obligados de su periplo, fruto de la gran amistad que había surgido entre ellos.

Onelio y el Holando Argentino
La historia de Onelio y el Holando comenzó a escribirse prácticamente al unísono. Desde joven y como buen colono que se reconoce, su vida estuvo estrechamente ligada a la lechería y particularmente a todo lo vinculado con el mejoramiento de la raza. Por aquellos años, Onelio ya había advertido que había un largo camino que él estaba dispuesto a recorrer para lograr que el Holando evolucione hacia la excelencia, aunque jamás imaginó que el nombre de "La Lilia" llegaría a un nivel de reconocimiento nacional e internacional: "a nosotros lo que nos gustaba era producir leche y por aquel entonces, recuerdo que ordeñábamos una partida de vacas coloradas a las que le sacábamos la poca leche que tenían. Fue entonces cuando entendimos que se podía hacer más".
Desde entonces, los sucesivos viajes de Onelio a Buenos Aires para reunirse con colegas y especialistas en la materia, tenían como finalidad seguir incorporando las herramientas de mejoramiento para aplicar a sus vacas y a su cabaña. De esta manera llegan sus primeras experiencias en inseminación artificial: "al principio como buenos piamonteses mirábamos con cierto escepticismo todo lo relacionado a la inseminación artificial, pero en el fondo sabíamos que era algo que teníamos que poner en práctica y así comenzamos con lo que había en aquel momento".
El crecimiento basado en el mecanismo de ensayo y error, fue una constante de la filosofía con que este hombre concibió su negocio a lo largo de 50 años. Con muchas más satisfacciones que frustraciones, "La Lilia" de la mano de Onelio y de sus hijos Juan, Rubén y Horacio, sigue reinventándose y apostando a nuevos proyectos.
Nadie mejor que Onelio puede dar testimonio de lo que la raza Holando Argentino ha evolucionado reconociendo el espíritu progresista de los cabañeros de "su generación" entre quienes recuerda a Don Ricardo Armando, hombre que figura en los memoriales como uno de los grandes hacedores del Holando en Argentina y cuyo trabajo hoy es continuado por una eminencia en la materia como José "Pipi" Felissia, también mencionado y elogiado hoy por Don Onelio.

Una vida en el campo
Hasta hace apenas 8 meses Onelio, con sus ochenta pirulos, era el encargado de comandar el campo ganadero que la empresa tiene en Curupaytí, un lugar muy caro a sus sentimientos de orígenes: "yo salía a las cinco de la mañana de Aldao, llegaba allá y al mediodía me comía un asadito con los puesteros y llegaba a casa a las diez de la noche más fresco que como había salido a la mañana". En esta grata anécdota Don Onelio refleja su temple, del cual sus hijos se preocupan. Como alguna vez lo confesó Horacio: "Nosotros le decimos que afloje pero al mismo tiempo lo entendemos porque todos venimos de la misma madera".
Pero un pequeño problema de salud le hizo comprender que era momento de ceder el mando a los más jóvenes y dedicarse pura y exclusivamente a mirar el trabajo de toda su vida desde una nueva perspectiva. Mayúscula fue la sorpresa de Onelio al ver el estado de lo que lo que él mismo le había confiado a sus hijos y nietos luego de apenas 8 meses de estar ausente en la dirección de los campos ganaderos de Curupaytí. Cuenta entre risas: "fui hace una semana y en apenas 8 meses desde que los chicos manejan el campo de Curupaytí, debo confesar que lo veo muy mejorado". Y reflexiona: "es bueno confiar en la juventud y animarlos a que puedan hacer más porque ellos ven las cosas de una manera diferente. Yo recuerdo que una noche llegué a mi casa y pensé que no daba más, y entonces le plantee a los chicos que se me dificultaba ir a los cinco tambos. Fue Fabián entonces el que tomó la rienda de los tambos y puedo asegurar que los dio vuelta. Yo hice siempre al más o menos, pero él que es veterinario desarrolló índices de todo tipo y desde entonces la producción fue siempre fue para arriba".
Su confianza en la juventud es absoluta, y la entiende como una "fuerza necesaria", que debe ser combinada con los años de experiencia, por eso "todos los sábados la familia completa (de hombres) se reúne a charlar, debatir y discutir los lineamientos de nuestro trabajo".

Ilusiones en marcha
Para Onelio, cada vaca preñada y cada ternero nacido en su cabaña es una promesa que comienza a transitar un camino: "cada parición que tenemos en "La Lilia" es algo que yo no alcanzo a expresar debidamente en palabras", reconoce sonriente el "Cacique" de "La Lilia". Apenas nacidos, el primer detalle en el que reparan Onelio y sus hijos es precisamente en ver si ese ternero tiene chapa de campeón: "En el lote, siempre hay algunos ejemplares que se destacan, y nosotros tenemos la suerte de contar con un especialista, que es Horacio, que no porque sea mi hijo pero reconozco que sabe mucho y que tiene como un don con el alma del animal, y cuando lo seguimos y lo trabajamos vemos que crece y evoluciona… puede equivocarse, pero no tanto", comenta con picardía Don Onelio, quien reconoce además que en las exposiciones a pesar de tener muchos buenos amigos en la pista, el objetivo es salir con lo mejor a ganar.
Cabaña "La Lilia" es una empresa familiar compuesta por Onelio y sus tres hijos Juan, Fabián y Horacio. Cada uno tiene asignada una función específica dentro de la empresa lo que les permite tener un alto grado de organización y gestión. Semanalmente, Onelio se reúne con sus hijos para hablar sobre cuestiones vinculadas al trabajo en la cabaña y en los tambos. En ese sentido, habla con la satisfacción de haber podido conformar un gran equipo que se complementa a la perfección nada más ni nada menos que junto a sus seres más queridos.

 

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