La
Lilia Armonía Blanca Florero", es una de las
vacas que más satisfacciones le ha dado a la "La
Lilia" a lo largo de su historia. Años tras
año, este increíble ejemplar de la cabaña
estuvo pariendo crías para deslumbrar a cuanto jurado
se puso en frente, lo cual por un lado sumaba copas en la
vitrina pero resignaba descendencia, dado que nunca hubo
tiempo para la extracción de embriones por su constante
presencia en las pistas más importantes de Argentina.
La "Florero", como muchos la llaman (porque en
su costal derecho presenta una mancha que emula una flor
en un florero) aún hoy colabora en el "tambo
elite" de la familia. Fue entonces como la familia
Barberis comenzó a pensar de qué manera era
posible contar con más hijas de "Blanquita",
teniendo en cuenta que es una vaca de edad avanzada. Y haciendo
honor a la gran afición que los Barberis tienen por
la ciencia y los avances tecnológicos en materia
de genética, decidieron clonar su Gran Campeona.
Claro que los 50 años de la cabaña ameritaban
un nuevo suceso trascendental para la historia de "La
Lilia" y de esta manera en febrero de 2007, los Barberis
comenzaron a ilusionarse con la posibilidad de clonar a
"Armonía Blanca Florero". Horacio Barberis,
fue el encargado de acercar a Nuestro Agro, los pormenores
de un verdadero hito de la lechería argentina.
Tras debatir, pensar y reflexionar en una de las habituales
reuniones que la familia tiene semanalmente, los muchachos
de "La Lilia" resolvieron que había que
hacerlo y fue así como comenzaron a gestionar los
medios económicos para llevar adelante el proyecto
con el objetivo de que al llegar el momento del cincuentenario
en junio de 2008, los clones tuvieran 7 meses y pudieran
ser presentadas en los festejos de la cabaña. Fue
así como comenzaron a transitar un nuevo camino de
ilusión.
"La idea original apuntaba a extraer tres copias de
la vaca, a un valor de US$ 10.000 por cada uno de los clones
obtenidos", explica Horacio. De esta manera, los Barberis
se pusieron en contacto con Santiago Iang, Veterinario del
Área de Clonación de Pérez Companc,
firma que posee la licencia en Argentina para trabajar en
clonación y manipulación genética,
y que se encuentra con niveles de desarrollo que están
a la par de países como Estados Unidos. "Al
momento de decidirnos, hicimos un contrato, porque se trata
de una manipulación genética", especificó
Horacio.
Superadas las instancias económicas y burocráticas,
el proyecto comenzó a ejecutarse efectivamente cuando
los especialistas de la compañía con sede
en Capital Federal llegaron a Colonia Aldao para extraerle
un pedazo de cartílago de la oreja con un sacabocados
a "Blanca". Una vez extraída la muestra,
Horacio explicó que los científicos argentinos
desarrollaron la línea celular de la vaca con ese
pedacito de cartílago: "a partir de esta línea
celular, nosotros tenemos la posibilidad de seguir clonando
a esta vaca por cincuenta años, porque la secuencia
genética queda guardada en Pérez Companc".
Sin disimular su satisfacción, Horacio continuó
graficando el proceso de multiplicación de Blanca
Florero: "Una vez establecida la línea celular
del animal, el siguiente paso es la creación de embriones
que contengan esa línea y que son depositados en
vacas coloradas, y ahí fue cuando me llevé
la primer sorpresa".
Fueron 26, los embriones clones creados con la línea
celular de la vaca y luego sembrados en el vientre de las
vacas coloradas receptoras de la firma. Desde Buenos Aires,
Santiago iba informando periódicamente lo que iba
pasando con el nuevo proyecto de la familia Barberis. Claro,
para Horacio la sorpresa fue mayúscula y entró
en pánico cuando en una de las tantas llamadas, el
veterinario de Pérez Companc le comunicó que
ya habían creado 26 embriones clones de la vaca de
"La Lilia": "El día que me llamó
para decirme que habían creado 26 embriones, me acuerdo
que les dije que cómo iba a hacer para pagar 26 clones
a US$ 10.000 cada uno, que iba a tener que vender el campo",
cuenta entre risas.
Sin embargo eso no ocurrió e inmediatamente Santiago
Iang, tranquilizó a Horacio explicándole que
del total, muchos embriones quedaban en el camino, y que
finalmente sólo unos pocos podrían desarrollarse
bien. El 2007 fue transcurriendo, y desde la Capital, las
noticias de Santiago para Horacio eran tal como las habían
pronosticado.
Llegó el mes de septiembre y el profesional de la
firma Pérez Companc le informaba a Horacio que de
los 26 embriones sólo quedaban 6 en carrera, con
fecha de nacimiento para el 21 de diciembre del 2007.
Pasó octubre, y en noviembre, la ansiedad de Horacio
se hacía más grande que nunca, por lo cual
decidió llamar a Buenos Aires para ver cómo
iban las cosas con sus "Blanquitas". Santiago,
le había explicado entonces que quedaban 4 de los
embriones trasplantados a comienzos de 2007 en las nodrizas
pero que de ahí en adelante, difícilmente
hubiera más pérdidas.
Para la familia Barberis, el 10 de diciembre quedará
en el recuerdo como una fecha muy especial. Ese día
Horacio se encontraba como tantos otros trabajando en el
campo y sonó su celular. Del otro lado, la voz de
Santiago Iang lo interrogaba en tono de jocosidad: "¿Horacio,
donde estás, porque no te sentás?", le
preguntó el veterinario al cabañero a lo que
este le respondió: "Estoy en el campo, qué
pasa". Las palabras pronunciadas inmediatamente por
el veterinario, seguramente quedarán resonando por
largo tiempo en los oídos de Horacio: "nacieron
dos clones de Blanquita", le dijo Iang.
Tratando de ordenar las fechas de parición previstas
y las que finalmente se dieron, lo único que atinó
a decir el hombre de Aldao fue: "¡¿Cómo!?".
Nuevamente, las palabras del veterinario lo tranquilizaron:
"Es frecuente que se adelanten unos días, pero
quedate tranquilo, no te imaginás lo vigorosos y
lo lindos que son". La conversación se prolongó
y Horacio realizó su segunda intervención
en el vertiginoso diálogo: "¿Fijate si
tiene la pestaña blanca del lado izquierdo?".
El veterinario sorprendido preguntó: "¿qué?".
Inmediatamente, Horacio reformuló ansioso la pregunta:
"¡La pestaña!, ¡¿es blanca
o negra?!" El profesional con el teléfono en
la mano fue a hasta donde estaban los clones, los miró,
y le contestó: "¡Sí tiene la pestaña
izquierda blanca! ¡¿Hasta del color de las
pestañas te acordás?!".
"Ni bien colgué con el veterinario, tenía
una alegría inmensa porque estas cosas las vivimos
con pasión, y lo primero que hice fue llevarle la
noticia a toda la familia", cuenta Horacio, reparando
en cada detalle de color que tuvo el suceso. La historia
no terminó allí. De las cuatro vacas que quedaban
en noviembre, 2 habían parido adelantadas el 10 de
diciembre, una había claudicado y la restante, tenía
posibilidades de dar un clon más. A los dos días
nuevamente el veterinario se comunica con Horacio para informarle
que un tercer embrión había nacido aunque
con menos vigor que los demás. El entusiasmo no le
había permitido reparar a Horacio en un pequeño
gran detalle, sino hasta después de algunos minutos:
"Santiago -replicó meditabundo el cabañero-
acá hay un detalle que realmente no se puede creer.
La fecha de nacimiento de Blanca Florero es el 12 de diciembre
de 1999, y exactamente 8 años después, está
naciendo el tercer clon, el mismo día".
Tres días pasaron desde el último nacimiento
hasta que Horacio decidió viajar a Buenos Aires para
conocer personalmente a las nuevas perlitas de "La
Lilia". "Yo no aguanté más, a los
tres días agarré el auto y viajé más
de 1.000 kilómetros solamente para ir a verlas, y
fue una satisfacción enorme".
De esta manera, estos cabañeros apasionados de Colonia
Aldao que comenzaron a transitar su camino en el año
1958, hoy cuentan un pedazo gigante de la historia del Holando
Argentino.
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