Para
José María Ferrero y sus hijos María
y Pablo, el otoño de 2007 fue un período que
puso a prueba su más bajo instinto de supervivencia
como productores agropecuarios. Nuestro Agro, había
dado testimonio oportunamente desde el mismo escenario sobre
el estado de situación tras las inundaciones producidas
por las intensas lluvias del mes de marzo del año
pasado.
Por aquellos días, estos productores cuya explotación
agropecuaria se encuentra situada entre las localidades
rurales de Fidela y Bigand, habían puesto a disposición
de este medio periodístico un tractor y un acoplado
para recorrer los campos inundados, y de esta manera dar
a conocer la necesidad de diseñar con urgencia, un
plan de evacuación de agua para una vasta región
productiva.
Hoy, a poco menos de un año de aquel fenómeno
que impactó de lleno en gran parte de la provincia
de Santa Fe, Nuestro Agro visitó nuevamente esas
mismas tierras que en marzo de 2007 estaban sumergidas bajo
un metro de agua y actualmente están cultivadas prometiendo
para los Ferrero una gran campaña agrícola.
La
necesidad de canalizar
Para los productores de la zona, la mayor preocupación
tiene que ver precisamente con el acondicionamiento del
canal Vila-Cululú, que es la arteria de drenaje que
desagota el agua de las tierras de muchos productores de
la provincia de Santa Fe.
Tras haber comenzado durante el anterior Gobierno Provincial
algunas obras de mejora y limpieza, poco es lo que se hizo
en canalización y recién a comienzos de 2008,
estos trabajos comenzarán a ser ejecutados cuando
el Gobierno Provincial, adjudique la conseción de
la obra a alguno de los 16 oferentes que se presentaron
en enero de este año: "La parte principal de
drenaje que es el canal Vila-Cululú, fue limpiado
en una pequeña parte y ahí quedó todo
hasta el cambio de Gobierno Provincial, y aunque ahora se
haya licitado, la obra no va a estar concluida para cuando
lleguen nuevamente las épocas de lluvias. En cuanto
a los canales secundarios, las máquinas del Comité
de Cuenca están trabajando en algunos lugares puntuales,
pero todo está muy atrasado y lo que hay que hacer
no es poco" explicó María.
En el año ' 82, ya habían atravesado por una
situación similar, aunque en aquella oportunidad
José destacó que la llegada del agua había
sido lenta: "como el año pasado nunca tuvimos
tanta agua porque acá se hizo un mar".
Las
secuelas
Una de las consecuencias directas que la situación
de marzo tuvo para estos productores, tiene que ver con
la confección de reservas para el próximo
invierno. Con una demanda invernal de aproximadamente 500
rollos de alfalfa, María José precisó
que hasta mediados de enero, apenas se habían logrado
confeccionar poco más de treinta, ya que la disponibilidad
de pasturas era muy limitada: "en los lugares en los
que el agua se retiró medianamente temprano, fue
difícil implantar las alfalfas, pero tuvimos lugares
en los que el agua perduró por tres meses y así
es que en donde hacemos la invernada no se pudieron implantar
directamente".
Otra de las consecuencias que el temporal tuvo para estos
productores que prolongan sus efectos hasta estos días,
tienen que ver con los bajos índices de preñez
y el desbarajuste que esta situación trae para el
normal desempeño de los rodeos lecheros: "cuando
las lluvias llegaron en marzo las vacas acusaron el golpe,
porque se preñaron tarde y ahora, en el invierno
es cuando va a entrar la mayor cantidad y las reservas otra
vez van a estar bien ajustadas" comentó José
Ferrero.
Sin embargo, las lluvias de marzo hicieron que las napas
de esos campos se mantuvieran altas y favorecieran de esta
manera a todos los cultivos implantados para esta campaña.
La recorrida de Nuestro Agro por las mismas tierras que
hace un año mostraban una masa interminable de agua,
hoy están sembradas con unos girasoles cuyo rendimiento
podría llegar a sorprender hasta el propio Ferrero.
Un
planteo diversificado
Estos productores cuentan con tierras con aptitud agrícola,
aunque José define sus campos como ganaderos. Un
poco por lo tradicional que resulta la actividad en ese
lugar y además porque él mismo se reconoce
como un productor más ganadero que agrícola.
Tanto que a sus 71 años todavía sale a caballo
para ir a recorrer los campos todos los días. Sin
embargo para ellos, nada mejor que la agricultura en estos
momentos como medio que les permita recuperar y mejorar
las tierras que hace poco menos de un año estaban
completamente anegadas. Han comprendido que utilizar estratégicamente
esta alternativa, puede significar una gran ventaja, aunque
descartaron la posibilidad de volcarse definitivamente a
la agricultura.
Por esa misma razón, a pesar del temporal, los Ferrero
han sabido achicarse y replegarse para conservar su tambo
y sus vacas, aunque en ganadería debieron salir a
vender novillos cuando el agua los dejó sin nada.
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