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Todo
el agro argentino en un solo portal. Edición on-line de Revista
Nuestro Agro
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Pocas
veces los periodistas pueden sustraerse del vértigo
de la cambiante realidad cotidiana para reflexionar
sobre la certeza de una antigua premisa de las academias
de Historia: "el buen periodismo es el primer
borrador de la historia". En días donde
el campo escribió páginas que quedarán
grabadas en los libros del futuro, no es poca cosa
enfrentar la responsabilidad, desde la labor periodística,
de intentar la tarea de hacer "el primer borrador"
de esta historia.
El paso del tiempo ofrecerá otra perspectiva
de las jornadas protagonizadas por el campo argentino.
Sin embargo, algunas conclusiones resultaron insoslayables
desde los primeros movimientos. La medida nació
como un "paro" decretado por las 4 entidades
representativas del sector, y se limitaba a la suspensión
de la comercialización. Fueron los propios
productores, y fundamentalmente el fenómeno
de los "autoconvocados", lo que le dio
una dinámica propia a la protesta, llevándola
a su expresión final: los cortes de rutas,
la interrupción del flujo de agroalimentos
y el consecuente desabastecimiento de los grandes
centros urbanos.
Del primer vistazo general a la fotografía
que dejó el conflicto surgen dos datos elementales.
El primero: no fueron las retenciones el motivo
excluyente de la protesta.
Sería una tremenda simplificación
reducir el mensaje de la protesta a una reacción
masiva contra la aplicación de retenciones
móviles a la soja y el girasol. Esa línea
de interpretación sólo podría
ajustarse a los intereses del Gobierno. Un recorte
a la extraordinaria rentabilidad de la soja –aún
en vísperas de la cosecha, aún sorpresivo,
aún brutal en sus formas y en su esencia-
no justificaría jamás un auténtico
estallido social como el que protagonizó
el interior productivo de la Argentina.
Los tamberos de las cuencas de Santa Fe y Córdoba
no cortaron rutas porque aumentaran las retenciones.
Aquéllos que pagan al precio del oro verde
los arrendamientos de algunas pocas hectáreas
para tambo conocen perfectamente las distorsiones
que la irrupción de los grandes pooles sojeros
provocaron y los efectos inmediatos sobre la economía
lechera.
En el hartazgo están las causas del estallido.
Hartazgo frente a la indiferencia agraviante, el
manoseo altanero, la prepotencia de los ineficientes.
Lo pueden decir los tamberos, que en otro marzo,
hace seis años, comenzaron a recorrer un
camino pantanoso, lleno de trampas, vueltas y promesas
incumplidas, en la búsqueda del sueño
de ordenar la lechería argentina y convertirla
en lo que potencialmente es, la mejor lechería
del mundo.
El segundo dato relevante de esta rebelión
de los mansos fue el que dejaron los "autoconvocados".
Se trata de una nueva generación de productores
que están comprometidos con el trabajo en
el campo y desbordaron a la dirigencia. La militancia
activa de los autoconvocados en la protesta no significa
un rechazo a la representatividad de la dirigencia
del sector, aún cuando puede haber algún
costado del análisis que admita cierta disconformidad.
En las rutas quedó claro que el fenómeno
de los autoconvocados respondió más
a la bronca que generó la actitud confrontativa
del Gobierno – y no sólo los discursos
presidenciales, sino la política que el kirchnerismo
viene llevando adelante en los últimos años-
que a un descontento con la dirigencia propia. Por
eso la protesta adquirió vida propia y se
retroalimentó como una bola de nieve.
¿Son los cortes de ruta una forma legítima
de protestar? En el interior siempre causaron rechazo
este tipo de medidas, que además son actos
ilegales. Sin embargo, el campo tomó nota
de lo que el propio Gobierno le enseñó
en estos años: los que pueden demostrar fuerza
de movilización le pueden sacar cosas a un
poder político al que le molestan los reclamos
en la calle. En ese contexto, el campo habló
con el único lenguaje que parece entender
el kirchnerismo.
Muchas veces se escuchó, en las asambleas,
en las reuniones de entidades y hasta en las conversaciones
con productores comunes, que el campo "no tiene
votos", "no puede hacer lobby", "no
tiene fuerza para protestar" y no puede conseguir
sus objetivos políticos, por lo que está
condenado a ser el último orejón del
tarro. En estos 21 días quedó demostrado
que el campo puede tener tanta fuerza como la más
combativa de las organizaciones políticas
cuando lo moviliza su instinto de supervivencia.
Desde ahora, todos los políticos saben que
darle la espalda a sus comunidades, al interior
productivo, puede costar caro. Es un capital que
"el campo", entendido como un sector vital
de la economía nacional, deberá saber
aprovechar.
También el Gobierno deberá extraer
sus conclusiones. Insistir en que "el campo
gana mucha plata" o de que los productores
"se quejan de llenos" no le sirve. Las
comunidades urbanas del interior apoyaron la protesta
admitiendo la legitimidad del reclamo. En los pueblos
de la Argentina profunda todos saben que si al campo
le va bien es altamente probable que a los comerciantes
y a los industriales también les vaya mejor.
Distinta es la reacción en las grandes urbes.
Grave equivocación sería interpretar
a los cacerolazos del Barrio Norte o de los alrededores
de Olivos, donde anidan los mismos sectores que
tanto daño le hicieron a la economía
argentina, con una espontánea señal
de respaldo a las protestas rurales. Más
bien se observó allí la acción
de oportunistas que, a falta de otros motivos legítimos
de protesta, salieron a cruzar a un Gobierno con
el que no comulgan en muchos aspectos que no tienen
que ver con el agro.
El final de esta historia está abierto. Es
altamente preocupante que el Gobierno no ofrezca
señales de autocrítica. Igualmente
significativa es la conducta de muchos gobernadores,
intendentes y presidentes comunales que, por temor
a las represalias del poder central, le dieron la
espalda a sus representados más directos,
a los primeros contribuyentes de su propio pueblo.
Es indignante comprobar el poder que detentan personajes
como Guillermo Moreno o Alberto Fernández,
a quien nadie votó pero que ejercen el poder
desde la soberbia sin el más mínimo
escrúpulo. Resulta penoso comprobar la desaparición,
como poder de la República, del Congreso
de la Nación, cuyo rol en esta crisis produjo
vergüenza ajena. El artículo 75 de la
Constitución le asigna la atribución
de "establecer los derechos de importación
y exportación". ¿Alguien escuchó
algún pronunciamiento sobre el tema retenciones?
En estos días se habla de diálogo.
No habrá acuerdo posible si no se entiende
el rol que las economías regionales y el
campo en su conjunto cumplen para el país.
El estallido social protagonizado por el interior
productivo debe servir para que los que deben entender
lo comprendan. Hay proyectos presentados, hay provincias
que quieren integrarse a la discusión, existe
voluntad de consensuar un proyecto que contemple
al agro como un factor estratégico del desarrollo
nacional, enfrentando a las amenazas y explotando
sus potencialidades. De las crisis suelen salir
las mejores oportunidades. Si marzo de 2008 nos
mostró cuán grande puede ser el escenario
de la crisis, también debe dejarnos ver qué
enorme es la oportunidad que se presenta.
En las páginas que siguen, el lector encontrará
un desarrollo completo de los días agitados
de marzo. Podrá encontrar la cronología
de los hechos, el rumbo de las negociaciones, el
análisis de las protestas, un repaso a los
excesos verbales de la Presidenta y sus colaboradores,
la mirada de los que plantean reservas y el testimonio
de los protagonistas de estas jornadas históricas.
Si al final de esas lecturas Nuestro Agro ayudó
a interpretar mejor la raíz del conflicto,
pudo ilustrar sobre las pasiones y los sentimientos
que se observaron en las rutas, si además
movió a una reflexión racional sobre
lo que viene y agregó información
al debate, entonces será cierto aquello de
que los periodistas escriben el primer borrador
de la historia.
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