El
sector agrícola, lamentablemente, no recibe
de algunos funcionarios del Gobierno la importancia
que merece. En los últimos días
de marzo, en razón a los problemas que
se han originado con el nuevo cuadro de retenciones
a los productos granarios y del paro perpetrado
por las entidades de productores, cesó
la mayor parte de la comercialización agrícola
y el mercado de granos prácticamente no
registró operaciones. Simultáneamente
a esta falta de transacciones en un mercado tan
importante y como prueba de que el sector agrícola
no recibe la importancia que merece del sector
oficial, veamos como justificó el Ministro
de Economía de la Nación, Martín
Lousteau, el nuevo régimen de retenciones,
no ante los representantes de los sectores de
la producción agrícola, como formalmente
hubiera sido lo correcto, sino ante las autoridades
de la Unión Industrial Argentina. En esa
reunión expresó que las "retenciones
sirven para que el dólar se mantenga alto".
En realidad, la expresión del Ministro
es equívoca dado que oculta la verdadera
intención que hay detrás de esa
expresión. Más sincero hubiera sido
si hubiese afirmado que "las retenciones
sirven para que el peso argentino se mantenga
débil". ¿Por qué no
lo presentó de esa manera? Probablemente
porque muchos descubrirían la debilidad
de su argumento.
Con respecto a su defensa de las retenciones al
campo como el mecanismo más idóneo
para sostener el tipo de cambio, dado que "si
entraran al mercado todos esos dólares
de exportaciones, el dólar se desplomaría
y queremos mantener la competitividad de nuestra
industria", ese argumento es también
sumamente débil. En primer lugar, porque
el dólar nominal alto es una ficción
dado que lo que le interesa a todos los sectores
es un tipo de cambio alto y a éste no lo
determinan los Gobiernos sino que depende de la
tasa de inflación comparativa de EE.UU.
y de Argentina. La presencia de los representantes
de la UIA en el Ministerio de Economía
obedece, en primer lugar, a que la inflación
también ha carcomido el tipo de cambio
de la exportación para esos sectores. Con
respecto al sector agrícola, si se le descuentan
las retenciones, el dólar de la soja se
encuentra alrededor de 40% por debajo del dólar
de los años 1996 y 1997, que eran los más
bajos de la convertibilidad. También hay
que manifestar que la ‘competitividad’
de un sector no está dada por el nivel
del dólar o tipo de cambio sino por su
estructura de costos. En su relación comercial
con Brasil nuestro país tiene un déficit
de casi 4.000 millones de dólar a pesar
que el real de Brasil está sobrevaluado
con respecto al peso de Argentina.
Durante el corriente año (2008) las exportaciones
totales de nuestro país de todo tipo de
bienes y mercaderías ascenderían
a alrededor de 63.000 millones de dólares
(recordemos que el año pasado fueron 56.000
millones). Del mencionado total, las exportaciones
relacionadas con el campo ascenderán a
alrededor de 38.000 millones y las exportaciones
de los productos granarios (granos, aceites y
subproductos) rendirían alrededor de 31.000
millones, es decir alrededor de 48% de las exportaciones
totales.
Las retenciones que cobraría el Gobierno
central por la exportación de los productos
granarios estarían en el orden de 12.000
millones de dólares (estrictamente, la
cifra sería menor dado que existen exportaciones
que se registraron con anterioridad con alícuotas
de retenciones menores), constituyéndose
en una de las principales gabelas para el erario
nacional.
Techo
a la renta
Finalmente, se reformó el sistema y a partir
del día 13 de marzo las retenciones de
los principales granos pasaron a ser móviles,
es decir si el precio del grano aumenta, la retención
también aumenta y prácticamente
‘plancha’ el precio. De esta manera,
toda negociación o comercialización
se desliga del factor ‘tiempo’, lo
que probablemente llevará a que los productores
no traten de almacenar su grano dado que el precio
va a tender a ser el mismo a lo largo del ciclo.
La lógica estacional de la comercialización
granaria es la siguiente: en momentos de cosecha
el precio cae; luego, paulatinamente, el precio
comienza a subir dado que las existencias comienzan
a disminuir; se llega así a un precio ‘pico’
poco antes de que comience a ingresar a los canales
de comercialización el grano de la nueva
cosecha, lo que producirá nuevamente una
baja en la cotización. El aumento del precio
del grano es acorde con el aumento de los costos
de mantenerlo almacenado. Si el precio es planchado
o inmovilizado por las nuevas disposiciones, entonces
salvo un demente nadie realizaría el gasto
de mantener esos stocks.
El esquema del ciclo expresado en el párrafo
anterior es tan elemental que en el viejo libro
"Economics" del Profesor Paul Samuelson
ya figuraba en la primera edición de 1948.
Siguiendo la vieja ley de Gregory King, de más
de 350 años, y dado que los productos granarios
(por la gran inelasticidad de la curva de demanda
y las variaciones de la oferta por la dependencia
climática) "registran fuertes oscilaciones
en los precios y pequeñas variaciones en
las cantidades", los granos fueron los primeros
productos que desarrollaron mercados de futuro.
Para el buen funcionamiento de estos mercados,
es elemental la variación de los precios.
Pero si se aplican medidas que inmovilizan esos
precios se le dicta a esos mercados la partida
de defunción.
Sin contratos de futuros, ya sea en los mercados
institucionalizados (ROFEX y MATBA) como en el
mercado disponible de Rosario (contratos forward),
la operatoria pierde flexibilidad y eso va en
desmedro del principal sector generador de divisas
de la República Argentina. Como los demás
sectores de la economía (industria y servicios)
son deficitarios en divisas, alterar el buen funcionamiento
de los mercados granarios, es alterar también
el buen funcionamiento de esos otros sectores,
lo que redunda en una disminución de la
demanda de mano de obra, en el aumento del desempleo
y de la pobreza.
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