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Sincerar el debate tributario
A la Cámara de Diputados corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes sobre contribuciones y reclutamiento de tropas (Arts. 52, 4, 16, 17, 75 inc. 19 - Constitución de la Nación Argentina)

por Roberto Bertossi*


Conforme una equidad elemental, resulta imposible sostener la actual estructura tributaria y la enorme inequidad contributiva traducida en una mayúscula y perversa transferencia de recursos eludiendo ilegalmente la metodología constitucional pertinente.
Nuestra Carta Magna en su artículo 4, establece la equidad y proporcionalidad como base ética y republicana para impuestos y contribuciones lo que se corresponde analógicamente con el párrafo segundo del inciso 19 del artículo 75 de nuestra Carta Magna.
En este contexto no se debe sostener flagrantes inequidades sostenidas por fuertes intereses y aparatos corporativos y populistas que no hacen otra cosa que postergar el desarrollo y derechos iguales de todos al mismo (Arts.16, 75 y cc. CN.).
Esta hipocresía no es un dato menor en lo concerniente al gasto público y la inversión social sino toda una absurda mutilación de los mismos y burlas como las del 'tren bala' que puede esperar en el anden de las prioridades propias de un genuino y concreto desarrollo humano.
En efecto, la atención de las necesidades físicas básicas, los servicios esenciales, el retraso, insuficiencia y desactualización en infraestructura básica, primaria y esencial (vg., la buena disposición de países vecinos no alcanza para que llegue en tiempo y forma a cada argentino, a cada industria, energía, gas o petróleo), la obra pública comprometida para 2008 entre otros ítems centrales ya se ven amenazados porque se gastó -indebidamente y eludiendo toda afectación legal- más e ineficientemente conforme el Instituto de Estudios de la realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL- 8/10/07).
En contexto tal, el diálogo social es incompatible con condicionamientos en general y presiones sindicales o violencias piqueteras en singular, sindicato y piquete 'empoderados' discriminatoria y más palpablemente en estos últimos dos años, organizaciones paragubernamentales que puede inmovilizar la enorme producción agraria –y al país- sin quedarnos siquiera la posibilidad para acudir a nuestros ferrocarriles, verdaderos 'gigantes costos hundidos' que otrora por la presión de la industria del caucho, ora por presión corporativa nos pueden poner en aprietos difíciles, dificultosos e inaceptables en un país que ya debiera superar la predemocracia.
Si la justicia es la virtud, facultad e imperium de dar a cada uno lo suyo, una constitucional reestructuración tributaria equitativa y realista en todas las instancias: nacionales, provinciales y municipales será mucho más que superar una rémora reprochable traducida y expandida en abusos del derecho, del poder, de la autoridad así como de múltiples y diversas inconstitucionalidades, por acción u omisión (Ministerio Público, Defensor del Pueblo, Auditor General de la Nación, y Corte Suprema de Justicia) sí, mucho más, implicará la derogación ficta del eufemismo –no coparticipable- de las retenciones y asegurará finalmente la infraestructura primaria, secundaria y terciaria para todo el aparato productivo y social argentino actual así como para toda su lozanía.
En dicha reestructuración será 'clave' una tasa retributiva que sea compatible y se corresponda con la fertilidad y el valor de la tierra y se ajuste en más o en menos, conforme una canasta de productos agrícolas, el contexto internacional y la perfomance climática del año agrario pertinente.
Así pues, para evitar también otro vericueto de un renovado sofisma vernáculo, antes que replantearnos una justa, oportuna, neutral y equitativa coparticipación, favor no menudo será darnos la oportunidad de un debate amplio y generoso que nos traslade a una sinceridad tributaria capaz de plasmarse en políticas diferenciadas que tiendan simultáneamente a reequilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias, regiones; pequeños y medianos productores, afianzando la justicia, consolidando la paz interior y logrando finalmente un bienestar general genuino y duradero, abandonando cimientos arenosos de espasmos personalistas por otros pétreos constitucionales que traen aparejados los cambios reales de nuevas políticas económicas, tributarias y sociales, realistas y mucho más equitativas.

* Abogado Investigador de la Universidad Nacional de Córdoba.




 


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