Es
difícil saber de qué se puede ser
capaz cuando alguien es arrastrado a situaciones
límites. Suele ser en estos casos cuando
la reacción se ve manifestada en el mismísimo
instinto de supervivencia. En lo que respecta
a los fenómenos sociales, estas cuestiones
marcan un punto de inflexión a partir del
cual nada debería ser igual. Surge precisamente
en esos momentos una síntesis, producto
de las fortalezas y debilidades puestas en juego
por los actores. Debilidades y fortalezas. Justamente
sobre ese punto han puesto el acento algunos medios,
tras el conflicto del Gobierno Nacional con el
campo, como un patrón que les permita dimensionar
el devenir de hechos futuros a partir de lo acontecido
en el interior del país. "La debilidad
de Cristina", "La muestra de poder del
Gobierno Nacional", fueron más o menos
los ejes de debate que signaron el escenario mediático
en los últimos 30 días. Sin embargo,
para los productores agropecuarios ha llegado
el momento de poner más énfasis
en las fortalezas propias que en las debilidades
del Gobierno, claro que sin perder de vista éstas
porque serán una referencia obligada.
Pero mejor, hablemos del campo y de lo que sin
proponerse ha logrado construir a partir del 11
de marzo, en gran medida gracias a un nuevo dislate
del Gobierno de Cristina Fernández. Hablemos
sobre la forma institucional bajo la cual debe
ser encauzado semejante torrente de energía.
En el ideario chino, crisis es igual a oportunidad,
y precisamente una gran oportunidad es lo que
los productores agropecuarios de todo el territorio
argentino tienen frente a sus narices. Lo que
empezó con un reclamo sectorial, poco tiempo
tardó en convertirse en una reivindicación
del interior y de su enorme aporte a engrosar
los índices -de los cuales tanto se jacta
la señora Presidenta de la Nación-
en gran medida gracias al campo.
Pero mejor, hablemos del interior y del letargo
que rompió al salir a las rutas para defender
lo más cotidiano que tienen los pueblos
que es precisamente, su filosofía de vida.
El club, las sociedades italianas, las instituciones,
las escuelas, los comercios, las fábricas
y tantos otros actores que le asignan dinamismo
a las provincias del interior.
Pero mejor, hablemos de Argentina, y de la enorme
oportunidad que surge para comenzar a depurar
a través de la política y la democracia,
los focos de corrupción y negociados que
entretejen en las sombras los más poderosos.
Argentina, hoy tiene una oportunidad histórica
de terminar con años de ultrajes y desencuentros.
El fuego sagrado surgido desde el interior en
asombrosa complicidad con las grandes ciudades,
es un dato que difícilmente pueda ser borrado
de la conciencia colectiva. Un gigante se acaba
de despertar, y apenas se está lavando
la cara.
*
Periodista de Nuestro Agro.
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