Cómo
sigue todo este asunto? La tregua de 30 días
dispuesta por las cuatro entidades del campo y
el sector de los denominados "autoconvocados",
abre un compás de espera signado por una
espesa atmósfera, teniendo en cuenta que
establecido ese plazo, el sector agropecuario
espera resultados concretos. Semejante situación,
significará para la administración
de Cristina Fernández una importante acumulación
de trabajo, pues lo que no fue capaz de resolver
en cinco años de gestión, deberá
tenerlo listo en cuatro semanas para evitar un
nuevo enardecimiento de los productores argentinos.
Mientras tanto, en el sector agropecuario las
dudas y el malestar no se despejan, teniendo en
cuenta al acervo de falacias que signó
la relación del Gobierno con el agro argentino
en los últimos años.
Diego Guglielmone y Carlos Maero son dos productores
humbertinos que como tantos otros, esperan definiciones
para poder concretar sus expectativas de producción.
Ellos, destacaron la unidad y el espíritu
de lucha surgido espontáneamente desde
los componentes de agro, como así también
la necesidad de capitalizar y articular esa nueva
fuerza para encauzarla bajo alguna forma institucional.
Otra
ventana que se cierra
Hasta hace algún tiempo, Diego contaba
con una importante cantidad de superficie dedicada
a la ganadería, actividad que más
allá de su beneficio económico se
había constituido en una tradición
familiar. Tanto su padre como su abuelo, eran
hombres de a caballo y ganaderos de raza en la
zona de Mauá. Sin embargo las circunstancias
lo llevaron a rediseñar su planteo productivo
y a incluir a la soja como una alternativa, frente
a la inviabilidad de la ganadería con la
constante intervención del Gobierno en
la actividad: "la ganadería dejó
de ser rentable por lo cual decidimos reducir
nuestro stock y volcarnos un poco más a
la parte de agricultura para equilibrar un poco
las cuentas. Pero ahora nos cayó esto y
nos manda de nuevo para atrás, porque era
la única ventana económica que nos
permitía seguir trabajando".
Aunque destacó sorprendido la reacción
de los productores como una muestra de unidad,
admitió que "tranqueras adentro reina
el desconcierto y la tristeza".
Por su parte, Carlos Maero, uno de los productores
agrícolas con más oficio en la zona,
también se mostró preocupado por
las nuevas medidas impositivas que dispuso el
Gobierno para la soja: "en cinco años,
los rindes de nuestra zona en promedio no pasan
de 23 a 25 quintales, de tal modo que una medida
de este tipo te lleva a pensar seriamente como
seguir en el negocio". Maero remarcó
que cuando durante la presidencia de Duhalde se
habían implementado las retenciones para
sacar al país de pozo, el campo "lo
aceptó sin condicionamientos, pero que
todo tenía un límite".
Asimismo, los dos productores coincidieron en
afirmar que si al menos parte de ese dinero fuera
reinvertido en infraestructura para el interior
del país, la medida tendría un atenuante.
"No pedimos que nos agradezcan por contribuir,
pero por lo menos que no nos maltraten como lo
ha hecho la presidenta en todos estos días.
Tampoco se puede fogonear y promover una lucha
de clases que no existe más que en su cabeza".
Lo
que viene, lo que viene…
Más allá del sabor amargo que significó
para estos productores no haber podido lograr
que el Gobierno Nacional de marcha atrás
con las medidas, algunas lecciones importantes
habrán quedado marcadas a fuego en la conciencia
colectiva del campo argentino. "Logramos
una unidad impensada. Tal vez no hayamos logrado
lo que nos propusimos con la protesta, pero hubo
una consecuencia impensada que fue la unidad.
Aprendimos a conocernos. No nos vamos a quedar
quietos y volveremos a la carga las veces que
haga falta".
Una de las estrategias manejadas por los productores
como plan de lucha, tiene que ver con levantar
la cosecha de soja y mantener la producción
en los campos hasta tanto haya mayores precisiones
sobre las políticas agropecuarias que tanto
reclama el sector.
|