La
soja transgénica hoy es una más
entre una gran cantidad de especies vegetales
que se usan en nuestra alimentación y están
genéticamente modificadas, pero por ser
de las primeras y por su importancia tuvo un gran
efecto mediático. Además, tuvo un
enorme impacto económico, y mucho es lo
que se puede decir de ello, entre sus efectos
significó la sustitución del paquete
de herbicidas de la soja por el glifosato, afectando
los intereses de grandes laboratorios que facturaban
en nuestro país decenas de millones de
dólares en estos productos y causando para
ellos un importante perjuicio económico.
El glifosato y la soja fueron entonces blanco
de las organizaciones ecologistas y se le practicaron
todos los controles posibles sin ningún
resultado. La conclusión final fue que
el sistema de "soja resistente-glifosato"
perjudicaba menos el ambiente (por el menor uso
de productos químicos), era inocuo a la
salud de humanos y animales y además era
más económico.
La soja no es más que una planta, que como
cualquier otra se alimenta de la luz solar y toma
del suelo el agua y los nutrientes que necesita.
Si no se la cosecha devuelve al suelo todo lo
que tomó de él, más la materia
orgánica que generó de transformar
la luz del sol. Si la soja es cosechada se lleva
consigo parte de lo que tomó del suelo
como lo hace el trigo, el maíz, los tomates
o cualquier otro producto vegetal. En un esquema
sustentable se debe devolver al suelo los elementos
que se exportan con la cosecha mediante la fertilización.
El esquema es: cuanto más se produce, más
se retira del suelo por lo tanto hay que incrementar
la fertilización. Cuando empezamos con
la siembra directa en Tucumán teníamos
zonas enteras con suelos que habían perdido
su capacidad productiva, fruto de la erosión
ocasionada por las labores agrícolas, hoy
la gran mayoría de estos lotes han recuperado
buena parte de su potencial. Debemos aclarar que
esta recuperación esta asociada a un manejo
racional que incluye una rotación adecuada
y una fertilización en consecuencia. Pero
el cultivo principal, el que lo sostiene y lo
hace posible es la soja.
El
impacto ambiental
No nos engañemos, el reemplazo de la ganadería
a campo en las zonas aptas para agricultura es
inevitable. Un buen campo de cría que produce
150 kg/ha de carne significa entre 35 y 40 kg/ha
de proteínas, una soja de 3 tn/ha implica
alrededor de 1100 kg/ha de proteínas y
cerca de 600 lts/ha de aceite comestible de alto
valor calórico y nutricional. Quizás
sea tiempo de empezar a analizar los balances
energéticos de todos los sistemas y a medir
la eficiencia de todos los procesos. Pero la intensificación
es necesaria, y la soja es una gran candidata
a pasar los exámenes, porque además
de su generoso aporte proteico, los 600 lts/ha
de aceite equivalen a una cantidad similar de
combustible. Si sumamos todo el gas-oil que se
consume en una campaña de soja, incluyendo
el que usan los camiones para llevarla al puerto,
no llegamos a los 100 lts/ha en Tucumán
(es probable que en la zona pampeana esta cifre
sea menor). La producción de agroquímicos
y fertilizantes necesarios para llevar a cabo
el cultivo seguramente insume una gran cantidad
de energía. Pero es importante aclarar
que a diferencia de la mayoría de los cultivos
como los cereales o el algodón en los que
el insumo más importante es el nitrógeno,
la soja esta asociada en sus raíces a una
bacteria que le permite tomarlo del aire, ahorrándolo
del suelo. La síntesis del amoníaco
base de los fertilizantes nitrogenados, requiere
de enormes cantidades de energía.
Por otra parte, los nuevos eventos genéticos
que están esperando para ser incorporados
a las variedades comerciales de soja van a posibilitar
al cultivo prescindir de muchos de los plaguicidas
hoy necesarios. En este punto cabe destacar la
labor de los genetistas, que además de
llevar a este cultivo a su excepcional capacidad
de adaptación y al nivel de rendimientos
que hoy tiene, son los responsables de disminuir
la carga de plaguicidas mediante su trabajo en
la resistencia a las principales problemas sanitarios.
El
desplazamiento
En nuestra provincia la soja ha pasado en la última
década de alrededor de 90.000 ha a unas
280.000 ha en la presente campaña. En este
período nuestra producción de caña
de azúcar, limón, trigo y carne
vacuna se ha incrementado considerablemente.
Las otras actividades agropecuarias como la producción
de aves y cerdos, el limón, hortalizas,
tabaco y frutilla, no compiten en absoluto por
espacio con la soja, ocupan una zona agro-ecológica
diferente y son más intensivas que los
granos. Dependen de sus mercados y nada tiene
que ver la soja con la decisión de hacer
crecer o disminuir alguno de estos rubros. Más
aún, la soja sirve como cultivo complementario
en la zona primicia de papa y en el tabaco.
La caña de azúcar es de producción
más intensiva que la soja, por ende puede
pagar alquileres más caros y cada vez que
el mercado se lo permite avanza sobre la superficie
de soja. Para los cañeros la oleaginosa
es más bien una alternativa en sus zonas
marginales en los años de precios bajos
y sirve para eliminar malezas problema entre dos
ciclos de plantación pero de ninguna manera
es una competidora o una amenaza para la producción
de azúcar.
El caso del maíz es diferente, este si
ocupa los mismos suelos que la soja coincidiendo
con ella en la fecha de siembra, no obstante ambos
se complementan y sinergizan su potencial productivo
en un modelo de rotación sustentable.
Pero debemos entender algo, el maíz (como
la fertilización) es parte integrante de
un sistema productivo, donde la soja ocupa el
rol estelar.
El caso del trigo, que ocupa los mismos suelos
en diferentes época del año, es
distinto, este cultivo se debe a la soja, esto
es si no cultiváramos soja en Tucumán
tampoco haríamos trigo. Esto es así
porque el trigo en sí mismo es un cultivo
de muy baja rentabilidad y de resultados muy aleatorios
en nuestra región, si se siembra es porque
como cultivo complementario de la soja es subsidiado
por ella en sus costos fijos.
Conclusiones
Es comprensible que un Gobierno tenga la obligación
de velar por todos y que la redistribución
de la riqueza sea parte de su deber. Pero como
está planteada es abusiva y desconsiderada.
¿No es también responsabilidad de
quién gobierna alentar la generación
de la riqueza que se pretende distribuir? Si se
han cometido errores o injusticias, pues invitamos
a sentarnos en una mesa a discutir cómo
resolverlas.
Pero algo si debe quedar claro es que: la soja
no daña al ambiente más que otros
cultivos, ni esquilma los suelos, ni daña
directamente la salud de nadie, ni tiene la culpa
de que falte carne o que el pan este caro. Por
el contrario, es la causa principal por la que
en los lugares donde se cultiva se ha revertido
una situación de estancamiento decadente
por una prosperidad que no queremos resignar.
¿No sería importante reconsiderar
la acepción peyorativa de este termino
antes de emplearlo de manera tan ligera?
*Asociación
de la Cadena de la Soja Argentina (Zona Noroeste).
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