
Tradicionalmente,
la costa santafesina se dedicó a la actividad
hortícola y a la floricultura. Eran muy
pocos los productores que cultivaban frutillas.
Sin embargo, los vaivenes económicos y
los distintos factores del contexto provocaron
que en 2001 comience a fortalecerse la producción
frutillera en esta zona (incluye a San José
del Rincón, Arroyo Leyes, Santa Rosa de
Calchines y Helvecia). En la actualidad, 100 hectáreas
(representa el 21% de la producción que
se realiza en el ámbito provincial) están
ocupadas con esta fruta.
Poco a poco, los quinteros se fueron sumando a
esta iniciativa y empezaron a incursionar en este
trabajo que es muy típico de las tierras
corondinas (departamento San Jerónimo).
Durante los últimos años, la superficie
ocupada con frutillas "no aumentó
de forma significativa en nuestra provincia".
Sin embargo, "en la campaña 2007 se
ha registrado un incremento de implantación
en la zona de la costa", advirtió
el ingeniero agrónomo Cristian Pernuzzi,
asesor de productores frutilleros.
Un crecimiento que se concretó a raíz
de varias razones. En primer lugar, "el cultivo
de frutilla surgió como una alternativa
económicamente viable frente a la baja
rentabilidad que otorgaban los cultivos tradicionales
de la costa". En segunda instancia, "esta
zona posee ventajas agroecológicas si se
compara con la de Coronda. Tiene suelos arenosos
y profundos, con poca historia en la producción
de frutillas, agua de riego de excelente calidad
e inviernos suaves o menos rigurosos por la influencia
de los ríos", puntualizó Pernuzzi.
Estas ventajas "juegan un rol muy importante
ante los actores nuevos que a la hora de apostar
a este cultivo lo hacen en la zona de la costa".
Más allá de esto, también
hay que enfrentar distintas "limitaciones
estructurales" que en el corto, mediano y
largo plazo se pueden solucionar. "La falta
de oferta de insumos específicos (agroquímicos,
plantines, etc.) para el cultivo de frutilla,
la ausencia de un transporte especializado en
el traslado de la fruta (manejo poscosecha), una
mano de obra con poca experiencia en esta producción
y la falta de industrias especializadas en derivados
de frutillas (mermeladas, pulpas, congelados).
Factores que limitan pero no impiden el crecimiento
de la actividad en la costa santafesina",
que desde hace un tiempo resulta atractiva para
varios inversores.
Detrás
de las cifras
En 2001, la provincia contaba con 375 hectáreas
ocupadas con frutillas. Una cifra que luego de
un leve subibaja, se ubicó en las 476 hectáreas
(el año pasado), de acuerdo a los datos
estimados por técnicos, productores e instituciones
como el INTA Agencia Santa Fe que están
vinculados con este sector (Ver Gráfico
1).
Para la campaña 2008, se prevé una
reducción de la superficie que recién
se conocerá a principios de mayo cuando
finalice la implantación del cultivo. "Esta
disminución del área ocupada con
esta fruta se debe básicamente a que la
campaña 2007 fue regular (se produjo la
inundación en los primeros meses del año,
hubo una concentración de la producción
en pocos días del mes de octubre de 2007
y se registraron varios problemas con la disponibilidad
de mano de obra para la cosecha)", precisó
el profesional.
Entre 2001 y 2003, la zona frutillera de Santa
Fe no estuvo ajena a la crisis que existía
en el ámbito nacional donde se registró
la menor superficie implantada durante varios
años. Una vez pasado este temblor, a partir
de 2004, "nos ubicamos en una meseta que
varía entre las 450 y 500 hectáreas.
Un piso que responde a limitaciones que son más
de tipo estructural que económica. La falta
de mano de obra al momento de la cosecha y el
escaso consumo interno juegan un rol importante
en toda esta situación", advirtió
Pernuzzi.
Aunque, reconoció que "la inversión
privada en aumentar la capacidad de congelado
y la apertura del mercado externo han ayudado
a mantener la superficie y, quizás, en
un futuro no muy lejano a incrementarla".
Para
no recordar
Lamentablemente, la última cosecha (la
de 2007) "no fue buena" debido a que
durante toda la campaña se tuvieron que
enfrentar varias complicaciones relacionadas con
la recolección de frutillas y la comercialización
(problemas de logística) que estuvo marcada
por los bajos precios (por ejemplo, en octubre
cuando se registró el pico de producción,
1 kilo se vendía a $ 1,20; y la industria
supo pagar entre $ 2,20 y $ 2,60). Esta situación
"repercutirá sin dudas este año",
reconoció el ingeniero Pernuzzi.
Habitualmente, la mitad de la producción
de frutillas se vende para consumo en fresco y
el otro 50% está destinado a la industrialización
(con la finalidad de elaborar dulces, mermeladas,
pulpas y congelado). Dentro de la industrialización,
"en los últimos 4 años ha crecido
la venta de frutillas congeladas con destino a
la exportación", comentó el
profesional.
Una fruta que cuando está destina al comercio
interno se comercializa, básicamente, en
los grandes mercados concentradores de la Argentina
(en Buenos Aires, Avellaneda, Córdoba,
Rosario y Santa Fe, entre otros). Mientras que
la congelada, se vende, fundamentalmente en Norteamérica
(EEUU y Canadá) y Europa (Francia, Alemania,
España).
*Corresponsal
de Nuestro Agro en Santa Fe.
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