Argentina
posee en la actualidad una superficie de 3 M/ha de alfalfa, reducida
notablemente en los últimos años por la competencia de la tierra que se destina
a la agricultura, sin embargo esta merma está siendo compensada con un aumento
del potencial productivo. Un claro ejemplo lo reflejan los avances de la
genética y los cuidados del manejo que actualmente permiten realizar en
promedio 6 cortes por año con producciones de 15.000 kg/ha de materia seca
(proteínas y fibras de alta calidad). La gran materia pendiente es que estas
pasturas de gran potencial se henifiquen con menor cantidad de pérdidas y que
lleguen a la boca de los animales con la mayor calidad posible.
Según
Miriam Gallardo, especialista del INTA en nutrición animal, la alfalfa es la
fuente de fibra “clave” para la producción ganadera, dado que permite
equilibrar las dietas en base a pastos frescos, dietas húmedas en base a
ensilajes o raciones con elevados niveles de concentrados. Este ingrediente posibilita
lograr mejores texturas y palatabilidad en las dietas, a la vez que proveer la
fibra efectiva necesaria para un correcto funcionamiento ruminal. Si se cosecha
el forraje con abundantes hojas, será además un insumo de alto valor proteico,
disminuyendo la necesidad de proteína extra.
La calidad
promedio del alfalfa en Argentina es muy baja relativa a su potencial nutricional
y en gran medida es consecuencia de la comercialización que normalmente se
realiza por volumen, en lugar de calidad, lo que indudablemente tampoco
contribuye a la sustancial mejora de los henos.
Indefectiblemente,
esta realidad induce a no revertir ciertos errores comunes que se cometen en la
etapa de confección de henos de alta calidad. Los errores más repetidos en
nuestro sistema productivo se cometen en el corte de alfalfa, realizado en
momentos inoportunos o con la maquinaria inapropiada. El momento ideal de corte
es cuando el cultivo se encuentra en 10% de floración, pero es común que se
realice en estadíos fenológicos inadecuados para priorizar la cantidad de
pasto, en contraparte de la digestibilidad y la cantidad de proteína.
En cuanto a
la maquinaria, el uso la corta hileradora de discos con acondicionador a
rodillo es una cuenta pendiente. El ingeniero agrónomo Pablo Cattani,
especialista en forrajes conservados, explica que Argentina es uno de los pocos
países en el mundo que utiliza el sistema de corte tipo hélice para realizar
heno de alfalfa. La principal razón es el bajo costo de adquisición y el bajo
mantenimiento, pero no se considera el grandísimo costo de producción que
generan las excesivas pérdidas de hojas provocadas durante el corte/hilerado y
el daño a la corona de la alfalfa.
La
diferencia entre cortar la alfalfa con disco y acondicionador, en lugar de
hacerlo con desmalezadora es como comparar rollos con hojas (el 65% del valor
nutritivo del heno de alfalfa está en la hoja) con rollos con palos sin valor
nutritivo, algo caro e ineficiente.
Una red de
ensayos sobre el uso del acondicionador llevada a cabo por el INTA PRECOP en
Manfredi (Cba), Rafaela (Santa Fe) y Charata (Chaco) en la última campaña
demostró que en promedio se reduce un 51% el tiempo necesario para que la
andana alcance el contenido de humedad óptimo para confeccionar el heno (20%),
respecto a cortar con hélice sin acondicionador. Estos resultados indican que
utilizando acondicionador se reducen significativamente las pérdidas de materia
seca (MS) debido a que es menor el tiempo que el material continúa respirando.
Otra
consecuencia del corte sin acondicionador es el sobresecado de la hoja que se
produce mientras se espera que el tallo se seque y que al momento de
recolección y formación del rollo se traduce en pérdidas de hojas (2,6% de MS
según ensayos del INTA Manfredi). Como esas pérdidas son un 100% hojas, la merma
del valor nutritivo del rollo es más que significativa.
El proceso
de manipuleo del forraje atenta contra la calidad del heno y es aquí donde
adquiere protagonismo el trabajo de los rastrillos, dado que ocasionan el 30%
de las pérdidas del proceso de henificación, sin contar la pérdida de hojas que
genera el uso excesivo de este implemento. La ineficiencia de la tecnología de
hilerado más utilizada en nuestro país, basada en el uso de rastrillos
estelares, es un factor condicionante para lograr calidad.
El uso de
rastrillos estelares produce una alta contaminación del material vegetal a
henificar con elementos perjudiciales como la tierra, el estiércol y rastrojos,
provocando como consecuencia una caída en la digestibilidad de los henos.
Ensayos realizados por el INTA PRECOP indican que se pueden encontrar en
situaciones normales de trabajo un 5% de tierra en el rollo, lo que equivale a 18
kg de tierra en rollos de 450 kg.
Para lograr
una mayor eficiencia se debe avanzar hacia rastrillos cardánicos giroscópicos o
bien a otros diseños que eviten el contacto del diente con el suelo. El INTA,
conjuntamente con empresas del sector están trabajando en el desarrollo de
rastrillos estelares con mando cardánico, donde las estrellas son movidas por
la toma de potencia del tractor y no por el contacto con el material.
En cuanto a
la elaboración del heno, un avance importante sería continuar con la adopción
de enfardadoras gigantes para alimentar rodeos de alta producción que requieren
fibra larga con alta proteína en la ración. Las megaenfardadoras confeccionan
heno con menos pérdidas que las rotoenfardadoras (42% menos según ensayos del
INTA). Además, por el tipo de construcción del fardo “en panes” es fácilmente
racionable, tienen un 30% más de densidad kg/m3 y se pueden
transportar sin espacios muertos en el flete (20 toneladas en un camión
normal).
Está claro
que las megaenfardodaras se ubican en un nicho de mercado destinado en un 90% a
la comercialización de megafardos (contratistas o vendedores) y constituyen un
mercado de alto potencial en el corto plazo del heno de alfalfa pura de alta
calidad.
Las
rotoenfardadoras siguen teniendo el papel principal a la hora de henificar, y
más aún cuando nos referimos a un uso doméstico. Debido a esto han evolucionado
hacia un mayor automatismo, monitores más completos, sistemas de recolección
que tratan el pasto suavemente y sistemas de atado más rápidos que aumentan la
capacidad operativa.
Otras
opciones de presentación del heno de alfalfa que están escasamente desarrolladas
en nuestro país y que deben crecer son los cubos y pellets de alfalfa. Son
insumos muy promisorios en los nuevos modelos de producción ganadera intensiva
porque permiten desarrollar dietas muy equilibradas con un control más estricto
de la cantidad de nutrientes. Además representan otras formas de dar “valor agregado”
a este cultivo. Los cubos pueden ser excelentes fuentes de fibra de alta
calidad y los pellets, fuente de proteínas, con perfil acorde de aminoácidos
esenciales. Además, se pueden utilizar como vehículo para aportar otros
nutrientes específicos como concentrados especiales, minerales traza,
micro-aditivos, etc.