Nota publicada Edición Impresa "Enero 2018"
Informe Técnico

Un negocio que quiere "picar" en punta

Un negocio que quiere "picar" en punta

Así como la Siembra Directa produjo un cambio que potenció la agricultura argentina, la tecnología que revoluciona la producción de carne y leche en nuestro país es el silaje. ¿Cómo evoluciona la actividad en el país? ¿Cuáles son los cultivos más elegidos? ¿Qué características poseen los equipos de picado? Informe especial del equipo especializado del INTA Manfredi.

Por Federico Sanchez
Técnico miembro del Módulo INTA TecnoForrajes de Alta Calidad
INTA EEA Manfredi

En los 90, el 80% del escaso silaje de maíz que se producía era destinado a la producción de leche, siendo poco significativo el destino de estos forrajes a la producción de carne. En la última década, también se ha observado anualmente un marcado incremento de la superficie picada para leche, pero acompañado de un fuerte aumento de las hectáreas destinadas a la producción de carne (feed-lot); lo que indica una evolución hacia sistemas más intensivos de producción (ver Gráfico 1).
Este forraje conservado ha incrementado su participación en la dieta de un 15 a un 40% y su tiempo de uso pasó de 4 a 6 meses (para cubrir baches de producción estacional de forrajes), a utilizarse durante todo el año permitiendo aumentar la carga animal y con ello la producción de litros de leche o kilogramos de carne por hectárea.
Según datos del INTA PROPEFO en la campaña 93/94, se ensilaron unas 80.000 ha de maíz y sorgo, de las cuales el 90% era picado grueso. Veinte años después, en la campaña 12/13 se destinaron a silaje mas de 1,5 M de ha, con un récord en la campaña 14/15 de 1,87 M de ha (ver Gráfico 2).
Debe aclarase que la campaña 2015/2016 sufrió una reducción del área de 241.729 ha, la cual marca el retroceso más importante de los últimos 10 años. Esto se debió al temporal que afectó a toda el área central de Argentina durante los meses de abril y mayo de 2016, el cual afectó con severos problemas de inundaciones a las principales cuencas lecheras de las provincias de Córdoba y Santa Fe, donde el 60% del picado se produce en esos meses dado que se lleva a cabo sobre maíces de siembras tardías. 
A este acontecimiento hay que sumarle que, en esos meses, la tonelada de maíz grano alcanzó un nivel de precios históricos dada la quita de retenciones que efectuó el Gobierno a éstos, lo cula provocó que parte de la superficie destinada a silo pase a grano para incrementar la rentabilidad.
El silaje de maíz y sorgo no fueron los únicos cultivos afectados por el temporal del otoño 2016, se estima que la superficie de alfalfa pura destinada a silaje y henificación se redujo en más de un 15 %, dado que de las 750.000 hectáreas de alfalfa destinadas a henificación hasta el 2015, se vieron seriamente afectadas 120.000. 
Durante la campaña 2016/2017 la superficie volvió a incrementarse al ir descendiendo los efectos de saturación de agua e inundaciones, colocándose a 130.000 hectáreas de alcanzar el récord histórico. 
Durante los últimos 10 años el crecimiento promedio anual en superficie destinada a ensilaje fue de 93.500 hectáreas/año. 
El aumento de la superficie que se produjo a mitad de la década del noventa fue acompañado por una mejora de la calidad, que también evolucionó rápidamente, dado que en la campaña 95/96 de las 270.000 ha que se destinaron a silaje, el 95% ya era picado fino y a la siguiente campaña esta cifra llegaba al 98%.
El picado grueso es aquel que presenta fracciones mayores de 10 cm y que comenzó a realizarse en la década del 70 con las primeras picadoras a mayales (cuchillas largas de corte frontal, dispuesta helicoidalmente sobre un eje, que determinaba su ancho total de corte y en contacto directo sobre el cultivo en pie), pasando al picado fino (< 10 cm) en la década del 80, agregándose a los mayales un sistema de doble picado (cuchillas fijas a un rotor soplador con contra-cuchillas). Actualmente, se trabaja con picadoras de cilindro que realizan un corte perpendicular al eje de rotación, y con el cual se logra el denominado picado fino de precisión, con un tamaño teórico de corte de hasta 10 mm.
Otro hecho que acompañó esta revolución forrajera que vivió nuestro país a mediados de los 90, fue la adopción del silo bolsa y bunker bien tapados y compactados, dejando atrás los viejos silos puentes. En la campaña 93/94 el 50% era silo puente y otro 50% silo bunker. A la siguiente campaña, con el trabajo del INTA PROPEFO se comenzó a incursionar en el silo bolsa, logrando una adopción del5% en ese primer año. Ya en la campaña 97/98 (350.000 ha), el porcentaje de silo puente se había reducido a un 10%, el bunker continuaba con gran participación (38%) y lograba gran protagonismo el silo bolsa con el 52%. En la actualidad, gracias al avance tecnológico que se produjo en el último periodo en cuanto a embolsadoras, el 76% del material picado se almacena en silo bolsa y el 24% restante en silo bunker, utilizado mayormente en explotaciones de gran escala cuando el volumen ensilado supera las 900 toneladas (ver Gráfico 3).

Mercado de picadoras
La maquinaria autopropulsada utilizada en Argentina, en su mayoría es la misma ofrecida en el mercado mundial, lo cual refleja claramente la alta tecnología que estamos utilizando para elaborar este tipo de forraje conservado. 
Analizando el historial de ventas anuales, se puede afirmar que este es un mercado irregular, que comercializa 60 unidades por año (promedio de los últimos 10 años), pero con variaciones que van desde 98 a 31 unidades anuales (ver Gráfico 4). Es por ello que este mercado no presenta una tendencia marcada en cuanto al número de equipos que se incorporan al parque anualmente. El parque actual de autopropulsadas se compone de 967 máquinas. 
Dada la gran cantidad de hectáreas que son necesarias trabajar para amortizar una picadora autopropulsada, los principales usuarios de estos equipos son contratistas prestadores de servicio, los cuales al momento de efectuar el recambio de unidades buscan evolucionar a unidades con mayor capacidad de trabajo. La Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros agrupa a 112 empresas prestadoras de servicio de picado.
Las máquinas usadas que se entregan por parte de pago de una nueva son adquiridas por contratistas más pequeños, en algunas oportunidades de zonas ganaderas extra-pampeanas con menor desarrollo, o bien por productores o grupo de productores que por la superficie que trabajan no podrían amortizar un equipo nuevo. Estas picadoras son equipos de 5.000 horas de uso, las cuales con un buen mantenimiento siguen siendo mecánicamente confiables,  a la vez que tiene un nivel de tecnología todavía vigente, pero que luego de 3 ó 4 campañas más de uso, presentan un gran desgaste y un nivel tecnológico obsoleto. 
Otras de las particularidades que hace este mercado irregular, es que la superficie destinada a silajes no está estabilizada, sino que se encuentra en un proceso de evolución constante. Prácticamente se ha multiplicado por 20 en los últimos 20 años, sumado que también ha variado la participación de maíces y sorgos de siembra tardía, lo cual produjo que en las últimas campañas la actividad de picado se concentre en los meses de marzo, abril y mayo, bajando la cantidad de superficie que se pica a inicio de campaña (enero y febrero) y que corresponde a cultivos de siembra temprana.

El camino de la innovación
Otro de los factores que influye en el mercado es la evolución del tamaño y la capacidad de trabajo de las máquinas que se comercializan. En el año 2000 las máquinas autopropulsadas vendidas presentaban una potencia promedio de 310 hp y trabajaban unas 1.300 ha por campaña. A partir del año 2008 esa potencia promedio por unidad se incrementó a 400 hp, con una capacidad que superaba los 1.700 ha anuales. Actualmente, tomando las ventas de 2017, la potencia media de las máquinas vendidas en Argentina es de 570 hp, con las cuales se busca trabajar en promedio unas 2.000 ha. A su vez, estas picadoras de última generación incorporaron una serie de equipamiento hidráulico-electrónico, como así también hardware que conectados a actuadores (con software específicos), permiten la automatización del funcionamiento, mantenimiento y regulación de las picadoras en el campo. 
Como se observa en el Gráfico 5, los modelos más vendidos son los que se encuentran en la clase IV, con una potencia que va desde los 451 hasta los 550 hp. Esta clase se viene afianzando desde hace varios años como la de mayor venta de picadoras, pero las clases V y VI, son las que mayor crecimiento han presentado en los últimos 4 años. Esto se debe a que se acentúa la tendencia hacia máquinas de mayor potencia y mayor capacidad operativa, hecho que también se puede apreciar con la aparición y comercialización en nuestro mercado desde hace algunos años de la clase VIII, que supera los 850 hp de potencia.
Para entender los lineamientos que sigue el mercado es importante aclarar que en el años 2005, las picadoras clase II y III representaban más de la mitad del mercado y las clases VI, VII y VIII prácticamente no se conocían. 

Fuente: Nuestro Agro

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