Nota publicada Edición Impresa "Febrero 2018"
Editorial

La violencia tapa un país que trabaja en paz

Casi siempre las coyunturas – de las malas- terminan desviando la mirada de la gente –no de todos, por suerte- mostrándonos un país que está bajo la violencia, que anda a los piedrazos y palazos, donde las agresiones entre funcionarios políticos y dirigentes son moneda constante y hasta nos altera la paciencia de seguir viendo las mismas escenas de hace ¿50, 60 años?
Tremendo contraste es el que vivimos en una Argentina que pretende cambiar. Por un lado un país que busca insertarse en el mundo, que intenta participar de esa gran aldea globalizada que también genera debates. Un país de notables recursos humanos que se desarrollan con una fortaleza que es admirable y que se debería destacar mejor. Y también de inmensos recursos naturales que se desaprovechan y se dilapidan. Por lo tanto, no somos el país rico que pretendemos ser. Es una falacia.
Este es un país que vive de crisis en crisis, de gobiernos con señores que sólo quieren poder –político y económico a cualquier precio- y que engañan o ilusionan sistemáticamente a “Su pueblo” que ellos dicen servir. 
A veces se tiene la sensación que la corrupción y la delincuencia va ganando al orden democrático, a la vida en República a la que aspiramos.
Se puede o no compartir esta idea, cómo nos cuesta recobrar la confianza en quienes nos gobiernan. Los hechos diarios superan hasta la ficción. Y se nos viene a la memoria la letra del tango “Cambalache” (1935). ¡Qué genio este Discépolo¡ No hay mejor Editorial que lo que expresa esa canción. Podríamos ponerlo todos los meses y resolvería esto de tener que escribir un texto mensual en donde tratamos de analizar temas de actualidad e inquietudes de la gente que produce.
Y cuando nos encontramos con datos reales de este país que, aún no supera sus desprolijidades políticas, con funcionarios de todos los rangos y niveles, que siguen estando lejos de las personas y además son incompetentes, que están lejos de los emprendedores, de los pequeños generadores de mano de obra, de la gente dispuesta al sacrificio diario para que no se pare la rueda productiva, esa rueda que nos permite disponer de estos datos que podemos citar y que hablan con contundencia.
 Al cierre de la presente edición, la Bolsa de Comercio de Rosario que toma información del INDEC y además la enriquece con datos propios que elaboran sus especialistas, nos comenta que las cifras de exportaciones del 2017 muestran el gran aporte que hace el campo y la agroindustria en la balanza comercial de Argentina. El 43% de las ventas externas fue generado por la producción de granos y los productos derivados de su industrialización (harinas, aceites, mezclas, biodiesel y otros productos). Esto significa un aporte de 4 cada 10 dólares en ingresos por exportación. Si se amplía el rango de productos, 2 de cada 3 dólares que entran a Argentina por exportaciones fueron generados por el campo más la agroindustria más la piscicultura. Otros indicadores apuntalan el significativo aporte del sector. 
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) emitió en el comienzo de febrero 2018, el informe de Intercambio Comercial Argentino con los datos estimados de diciembre del 2017 y los comparativos acumulados de los años 2016 y 2017. A partir del mismo, se analizan las exportaciones argentinas por rubros y la de los complejos soja, girasol, maíz, trigo, cebada, sorgo y arroz. Cinco indicadores muestran el gran aporte que hace el campo y la agroindustria a la Balanza Comercial Argentina. Crece fuertemente el trigo y se consolida el maíz. 
En el 2017, Argentina exportó cerca de 58.428 millones de dólares, conforme a las cifras estimadas por el INDEC. Si se suman las exportaciones de los complejos oleaginosos (soja más girasol) y de los complejos cerealeros (maíz, trigo, cebada, arroz y sorgo), se arriba a un total de 25.300 millones de U$S. Esto significa que el 43% de las exportaciones en Argentina son generadas por la producción de granos y su industrialización posterior (harinas, pellets, aceites, biodiesel y otros subproductos). 
De esta manera, un poco más de 4 dólares de cada 10 dólares que ingresan en la Argentina por ventas al exterior son generados por la producción de granos del campo argentino y su proceso manufacturero posterior.
Campo más agroindustria más exportaciones generaron 2 de cada 3 dólares que entraron por exportaciones en 2017.
Para que estas cifras sean realidad son millones los argentinos que trabajan, emprenden y arriesgan su capital y esfuerzo con mínimos incentivos, si los hay. Una mayoría de los anuncios “importantes o destacados” que hizo este Gobierno, que además corrige sus metas de inflación, no se han traducido en un alivio para quienes construyen todos los días este país. Qué pasará con las economías regionales. El gran debate parece ser la puja del Gobierno con una pléyade nefasta de sindicalistas corrompidos que, claramente no defienden los intereses de quienes son sus afiliados, deberían escuchar qué opinan de ellos. Hay demasiados rastros que ya no se borran.
Este es el gran contraste, la de los piqueteros que supimos conseguir, de la impunidad en la que también la Justicia se hizo cómplice. ¿Cómo se revierte esta cara oscura y ominosa del país? Porque la otra Argentina, el país Federal ignorado ostensiblemente hasta por los medios de comunicación de mayor prestigio, sigue insistiendo en avanzar con más orden, con diálogo y consenso y con más trabajo, increíblemente son miles los argentinos que quieren trabajar y no lo consiguen. Claro, de los otros hay también.
¿Algún día dejaremos de ser un Cambalache? 

Fuente: Nuestro Agro

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